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Resumen

Para China, 2019 ha representado un periodo importante para repensar sus perspectivas. En el ámbito político, en la primavera de 2018, la decisión de la Asamblea Popular Nacional (APN) de hacer indefinida la reelección del presidente, así como la continuación de la lucha contra la corrupción, mantiene inquietos a algunos sectores dentro del Partido Comunista. No obstante, el presidente Xi Jinping se ha mantenido como la figura dominante de la política china y cuenta con la lealtad de la mayoría de todas las facciones del partido gobernante, el ejército y la élite empresarial. Xi ha demostrado tener una visión política clara y ha promovido ambiciosos proyectos nacionales, entre ellos, acabar con la pobreza del país en el corto plazo, además de una iniciativa internacional, como la Nueva Ruta de la Seda, que posicionaría al país como potencia mundial indiscutible en el mediano plazo, lo que a su vez ha estado acompañado de un enorme esfuerzo por mostrar una imagen benigna hacia el exterior. Quizá podamos medir la eficacia de estas medidas a través de la reacción de los Estados Unidos, que han revitalizado su campaña sobre la amenaza china, particularmente en América Latina, así como la reciente de desconfianza de los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).