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Resumen

Durante el año analizado en esta colaboración, la República de Corea (RDC) fue protagonista de un número importante de eventos internacionales, algunos relacionados con su proceso de acercamiento con la República Popular Democrática de Corea (RPDC) en búsqueda de una nueva estructura de seguridad en la región y otros con varios procesos internos que procuraron apuntalar la política económica y reformas políticas hacia una nueva configuración de relaciones entre el Estado y la sociedad surcoreana. Asimismo, la RDC continuó su activo papel en la construcción de una economía transpacífica más abierta en el marco del 30 aniversario del foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), aunque en general tales esfuerzos se han visto opacados por la guerra comercial entre los Estados Unidos (EU) y China, dos pilares regionales, y por la disputa con Japón a raíz de reivindicaciones históricas que reclaman compensaciones por trabajos forzados a los que fueron sometidos miles de coreanos durante el periodo de ocupación japonesa en la primera mitad del siglo XX, esto en el contexto del centenario del primer movimiento de independencia de marzo de 1919.

Durante el año analizado en esta colaboración, la República de Corea (RDC) fue protagonista de un número importante de eventos internacionales, algunos relacionados con su proceso de acercamiento con la República Popular Democrática de Corea (RPDC) en búsqueda de una nueva estructura de seguridad en la región y otros con varios procesos internos que procuraron apuntalar la política económica y reformas políticas hacia una nueva configuración de relaciones entre el Estado y la sociedad surcoreana. Asimismo, la RDC continuó su activo papel en la construcción de una economía transpacífica más abierta en el marco del 30 aniversario del foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), aunque en general tales esfuerzos se han visto opacados por la guerra comercial entre los Estados Unidos (EU) y China, dos pilares regionales, y por la disputa con Japón a raíz de reivindicaciones históricas que reclaman compensaciones por trabajos forzados a los que fueron sometidos miles de coreanos durante el periodo de ocupación japonesa en la primera mitad del siglo XX, esto en el contexto del centenario del primer movimiento de independencia de marzo de 1919.

El periodo revisado corresponde al tercer año de gobierno de Moon Jae-in, cuyo liderazgo logró mantener un grado de aprobación relativamente alto y estable, aunque fue golpeado por coyunturas sobre todo de índole económica. Algunas coyunturas fueron ocasionadas por medidas específicas de la política económica, que busca un crecimiento mediante el ingreso y la creación de empleo, el aumento del salario mínimo, la reducción de la semana laboral de 68 a 52 horas1 y el apoyo a empresas pequeñas y medianas respaldado por una política fiscal expansiva no exenta de controversia y presión por parte de los grandes conglomerados coreanos. El índice de aprobación de Moon también ha tenido recaídas ocasionadas por decisiones políticas, particularmente las relacionadas con la selección de algunos miembros de su gabinete y los nombramientos en institutos públicos de gran envergadura, cuyos funcionarios tienen antecedentes de corrupción. En contrapartida, la política de acercamiento con la RPDC ha sido generalmente bien aceptada por la población y eso le ha hecho mantener una posición fuerte en el proceso intercoreano.

Otros temas también han sido objeto de atención en el transcurso del año, como el debate sobre agresiones y abusos sexuales cometidos por figuras importantes de la política y el entretenimiento, derivado del movimiento internacional “yo también” (me too), que, como en otros países, en Corea del Sur posibilitó la exposición del problema en los medios de comunicación y, sobre todo, en el Parlamento y los tribunales.

Política y sociedad

Los asuntos políticos domésticos ocurridos en el transcurso del año se relacionan con dos procesos principalmente: la reforma a la fiscalía y las reformas encaminadas a establecer las bases institucionales de la política económica del presidente Moon Jae-in. En ambos casos, el papel desempeñado por el poder Legislativo ha sido clave y el trabajo de negociación para obtener la cooperación de las fuerzas políticas, especialmente las de oposición, supuso un desgaste importante en la capacidad de gobierno de Moon. El nombramiento en agosto de 2018 de Lee Hae-chan como nuevo jefe del partido gobernante, el Partido Democrático, ha sido de gran ayuda debido a su cercanía con Moon y a su larga experiencia política, como legislador, y administrativa, como primer ministro surcoreano durante el gobierno de Roh Moo-hyun.

Sin embargo, el nombramiento de varios personajes para el gabinete y ciertos puestos públicos, así como el de jueces constitucionales ha generado controversias, especialmente cuando se les vincula con actos impropios y acusaciones de corrupción. En octubre de 2018, por ejemplo, el nombramiento de Yoon Eun-hae como ministra de Educación; ésta había sido cuestionada por faltas éticas al registrar un domicilio falso para que su hija fuera admitida en una escuela primaria de mayor prestigio, en lugar de en aquella que correspondía a su domicilio real, como cualquier otra persona. Aunque la ministra Yoon se disculpó y explicó la situación, esta clase de escándalos causan desconcierto entre la población y generan desconfianza en el gobierno.

Otro caso fue el nombramiento de dos jueces, Lee Mi-sun y Moon Hyung-bae, para el Tribunal Constitucional, que generó una nueva controversia en la Asamblea Nacional orquestada principalmente por el Partido de Libertad Surcoreana (PLS, heredero del extinto Partido Saenuri), el cual objetó el nombramiento ante la existencia de un presunto antecedente de transacciones bursátiles personales de la jueza Lee. Además, se cuestionó la autonomía de ambos, ya que era sabido que compartían la visión progresista de Moon Jae-in y, por consiguiente, el sistema político se encaminaba a convertirse en una “dictadura izquierdista” (“El presidente Moon nombra”, 2019). Este tipo de fricciones, comunes en las democracias, aunado a las movilizaciones callejeras promovidas por el PLS, ha tenido repercusiones en la aprobación de reformas de ley propuestas por el poder Ejecutivo, convirtiéndolo en rehén de la oposición en los procesos de negociación parlamentaria y causando parálisis política o reformas parciales que socavan la marcha del gobierno, como ha sido el caso.2

Moon Jae-in nombró al reformista Yoon Seok-youl3 como fiscal general por dos años, encomendándosele impulsar una reforma sustancial de la fiscalía, lo cual fue una promesa de campaña. La reforma estaría en camino de realizarse, de no ser por el fallido nombramiento de Cho Kuk como ministro de Justicia en agosto. Cho era profesor de derecho y antiguo secretario presidencial para asuntos civiles. A pesar de contar con credenciales técnicas y administrativas para emprender la reforma junto con Yoon, Cho y su familia fueron investigados por fraude y corrupción.4

En la legislación surcoreana el beneplácito o no del poder Legislativo al nombramiento del gabinete es una formalidad política, ya que no se requiere la aprobación del Parlamento. Sin embargo, no contar con la aprobación de los legisladores suele conducir a tensiones entre los partidos de oposición y el gobierno, habitualmente aprovechadas para generar un clima de controversia en los medios y la población. La designación del ministro Cho Kuk fue sometida a fuertes críticas que redujeron la aprobación al presidente según algunas encuestas y culminaron con su renuncia y las correspondientes disculpas públicas del presidente Moon. Paradójicamente, la demandada reforma de la fiscalía tuvo su primera “víctima” en el equipo que precisamente buscaba transformarla.

El impacto real de la controversia podría verse reflejado en las próximas elecciones programadas para el 15 de abril de 2020, especialmente si se encuentra que la familia de Cho es culpable y si las reformas económicas no surten el efecto de crecimiento esperado.

Sin duda, un asunto que cimbró a la clase política conservadora y causó revuelo en la población fue el arresto del ex presidente Lee Myung-bak, el 22 de marzo de 2018, y el eventual desenlace del juicio en su contra, el 5 de octubre de ese mismo año, por parte de la Corte del Distrito Central de Seúl, que lo sentenció a 15 años de cárcel. Fue declarado culpable en siete de 16 cargos por los que fue inculpado. A Lee se le acusó por abuso de poder y actos de corrupción cometidos antes y durante su presidencia, como la malversación de 21.7 millones de dólares mediante la compañía de autopartes DAS, que resultó ser de su propiedad (no de su hermano, como supuestamente argumentaba su defensa), y la aceptación de sobornos de Samsung por más de cinco millones de dólares para que se condonara la pena de cárcel por fraude fiscal contra Lee Kun-hee,5 entre otros crímenes. La Corte impuso, además, una multa de 11.5 millones de dólares.

El arresto y eventual sentencia de Lee Myung-bak, quien en su momento representó los ideales del espíritu coreano de “se puede hacer” debido a su historia personal de éxito empresarial en el grupo Hyundai y su trayectoria política como diputado, alcalde y luego presidente, significaron el segundo gran descalabro del grupo conservador, después de la destitución y posterior sentencia condenatoria a 33 años de prisión de la ex presidenta Park Geun-hye, hija del artífice del gran desarrollo industrial coreano, Park Chung-hee. A pesar de negar los cargos y de reclamar que se trataba de una vendetta política del gobierno de Moon Jae-in en represalia por la investigación a la familia del ex presidente Roh Moo-hyun, el presidente Moon lo increpó por insultar al sistema judicial surcoreano y el juicio concluyó en contra de Lee; el veredicto fue expuesto en televisión y tuvo un gran impacto mediático.6

La saga de Lee Myung-bak tuvo un hito importante cuando, el 6 de marzo de 2019, fue puesto en arresto domiciliario tras pagar una fianza de más de 880 000 dólares; ello significa que sólo puede reunirse o comunicarse con sus familiares directos y sus representantes legales en un domicilio registrado. La custodia de Lee debe reportar sus actividades diarias. Al parecer, Lee padece problemas de salud, por lo que debe pedir permiso al Tribunal para realizar visitas al hospital. Esta libertad condicionada, aprobada mientras Lee espera que se resuelva su apelación, le permite temporalmente escapar de las privaciones propias del encierro, el cual, a sus 77 años, podría ser su última morada. No obstante, cabe también la posibilidad de que algún presidente posterior a Moon le conceda el indulto, como ha ocurrido en casos parecidos en el pasado.7

El doble golpe dado al grupo conservador de ambos ex presidentes ciertamente habría afectado sus posibilidades de retomar el poder en el futuro próximo; sin embargo, los yerros en la selección de altos funcionarios y las dificultades para consolidar la agenda de reforma económica y la política social brindaron un buen margen de maniobra al PLS en sus estrategias de oposición.

Desde el principio de su administración, Moon Jae-in ha buscado replantear la política económica para transformar el sistema dirigido por los grandes conglomerados hacia uno basado en el ingreso individual, el fomento de nuevas empresas (start ups), la promoción de la llamada “economía social” y el fortalecimiento de las pequeñas y medianas empresas (PyMEs), las cuales proveen casi 90% de la fuerza laboral; varias de ellas tienen relaciones de proveeduría con los grandes conglomerados o chaebol, frecuentemente bajo prácticas predatorias de subcontratación, que agravan las diferencias de ingreso entre ambos agentes. (Smith, 2019).

Según el gobierno de la RDC, los principios de la política económica son el crecimiento impulsado por el ingreso, una economía creadora de empleo, una economía justa y un crecimiento innovador. Para que la política que busca crear empleo y expandir la asistencia social pueda ejecutarse y logre financiar los programas de apoyo se requiere establecer una política fiscal expansiva, así como reformar asuntos como el salario mínimo, regular la participación de las grandes empresas en nichos propios de las PyMEs y promover la inversión privada. Lo anterior significa que para tener créditos disponibles que incentiven la creación de empleos y la inversión se elevaría la tasa impositiva a los ricos y a las grandes empresas que obtengan ganancias por encima de ciertos montos, con el fin de reducir las brechas de ingreso que tanto aquejan a quienes no forman parte de esta estructura derivada del desarrollismo coreano. También se propusieron incentivos fiscales a las empresas que contraten nuevos empleados, mientras que aquellas con inversión extranjera tendrán mayores exenciones de impuestos. Sin embargo, tal propósito general ha generado sus propios obstáculos políticos y ha sufrido de coyunturas externas que afectan la capacidad de realizarlo.

Cada iniciativa debe ser aprobada por la Asamblea Nacional (salvo la revisión de una ley subalterna o de un decreto presidencial), lo cual implica un reto político importante ya desde la negociación del presupuesto. Elevar los impuestos sobre la renta a empresas en diferentes rangos de ganancias siempre es complicado en una democracia y suele toparse con el argumento de que gravar más a las empresas desincentiva la inversión privada. De ahí la dificultad para convencerlas de que generen empleos suficientes que detonen un nuevo ciclo de crecimiento económico e inviertan en investigación y desarrollo para la innovación, otro mecanismo propuesto por el gobierno en aras de sobrevivir en la competencia por el mercado internacional.

Como parte de su programa de revitalización económica, desde el verano de 2018 el gobierno anunció una nueva alza en el salario mínimo, lo cual provocó reacciones fuertes pero opuestas entre el sector empresarial y el laboral. Como es de esperarse, los empresarios señalaron que la medida afectaría su capacidad de competencia por el incremento de costos laborales, por lo que hubo despidos de trabajadores temporales. Por su parte, las organizaciones laborales consideran que el alza establecida es insuficiente. Contrario a los objetivos del gobierno, ese tipo de medidas han sido consideradas factores que inhiben el crecimiento del empleo. En consecuencia, el Ministerio de Estrategia y Finanzas y el Banco de Corea han tenido que ajustar constantemente a la baja los pronósticos de crecimiento económico. Para salvar un poco la cara, según el jefe parlamentario del Partido Democrático, Hong Young-pyo, las dificultades de las PyMEs “no se derivan del aumento del salario mínimo, sino del acoso de los conglomerados, los contratos de franquicia injustos y los alquileres elevados” (“Corea del Sur ampliará el apoyo”, 2018). A pesar de la crítica a la medida, el 31 de diciembre el gabinete aprobó la enmienda del Decreto de Aplicación de la Ley del Salario Mínimo, que concretó el aumento de 10.9% al salario mínimo por hora (de 6.7 a 7.4 dólares), instando, además, a incluir las horas de los días festivos estipulados por la ley en el cálculo del salario mínimo a partir de 2019.8

Organizaciones de pequeñas y medianas empresas mostraron con frecuencia su desacuerdo y preocupación respecto a las medidas, sobre todo porque existe la convicción de que la decisión de incrementar el salario mínimo y el proceso de ajuste de tasas para su aumento no consideraron precisamente la voz de los afectados y las dificultades que los mayores costos laborales generan a las microempresas. Éstas requieren que se les permita establecer salarios mínimos diferentes según la industria y el tamaño de las empresas; sin embargo, esta demanda fue denegada a finales de junio de 2019 por un panel del Consejo sobre salario mínimo, compuesto por representantes empresariales, sindicatos y expertos externos, en el que se decidió aplicar los mismos criterios a todas las industrias.

Al calor de discusiones muy polarizadas sobre el salario mínimo en medio de una franca desaceleración económica, a mediados de julio de 2019 el gobierno finalmente accedió a flexibilizar el alza, disminuyendo la velocidad de los aumentos; esto liberó un poco la presión del sector empresarial, especialmente de las PyMEs, pero enfureció al sector laboral y a los sindicatos que apoyaron al presidente Moon Jae-in en su campaña y a lo largo de su primer año y medio de gobierno. Ante esto, Moon pidió disculpas por su fracaso parcial en el cumplimiento de una promesa de campaña tan emblemática, argumentando que se tomaron en consideración las "condiciones económicas, situaciones de empleo y receptividad del mercado" (“Moon se disculpa”, 2019).

Por otra parte, la política fiscal expansiva necesaria para financiar los programas de apoyo a las PyMEs constituye otro factor de tensión política entre el gobierno y las grandes empresas, poco dadas a aceptar la idea del presidente de que el impuesto sea visto como un mecanismo solidario de redistribución de la riqueza. El concepto “equidad por encima del crecimiento” sobre el cual descansa la política progresista de Moon Jae-in todavía no resuelve la incógnita de si la economía política posdesarrollista coreana, cuya estructura productiva se encuentra atada al sistema de conglomerados mientras el sistema político depende de las fuerzas conservadoras, será capaz de transformarse en una versión asiática de Estado de bienestar. Se trata prácticamente de una etapa culminante de la fundación del país, en el que “las personas disfruten total y equitativamente de los beneficios del desarrollo” (“El presidente Moon dice”, 2019) y podría determinar el porvenir de varias generaciones hacia adelante.

Es en ese contexto donde la administración de Moon Jae-in ha tratado de superar otro legado estructural de la época desarrollista: precisamente la debilidad del sistema de seguridad social, el cual todavía no consigue abarcar amplios sectores de la población, especialmente los grupos más vulnerables. En ese sentido, el paro de taxistas frente a la Asamblea Nacional en diciembre de 2018 fue sólo un reflejo de la problemática que vive ese gremio, que reaccionó a la propuesta de la aplicación Kakao Mobility para ofrecer un servicio de transporte particular que competiría con aquél. Una iniciativa económica privada y la movilización política de los taxistas puso de manifiesto la precariedad en la que operan los prestadores de este servicio y de sus perspectivas de empleo y jubilación, pues más de la mitad son mayores de 60 años. Por lo tanto, es relevante plantear estas cuestiones como telón de fondo de la política económica y la necesidad de atender las demandas de los afectados, como es el caso de los taxistas, pero también de las PyMEs, y de un sinnúmero de agentes que buscan defender sus intereses en el sistema democrático surcoreano en el marco de un sistema de seguridad social todavía en construcción.

En otro orden de asuntos, destaca el eco del movimiento internacional conocido como me too que, a principios de 2018, logró dirigir los reflectores al problema social y legal de los abusos, el hostigamiento y la violencia sexual, especialmente el abuso de poder en el contexto laboral, en Corea del Sur, Ello se visibilizó de manera significativa a nivel mediático, pero no tuvo consecuencias punitivas apropiadas debido en buena parte a un marco legal todavía indulgente en la materia. Los escándalos alcanzaron a figuras notables de la política y los círculos educativos, culturales, deportivos y del entretenimiento, como es el caso del anterior aspirante presidencial y ex gobernador Ahn Hee-jung, el poeta Ko Un, el director de teatro Lee Youn-taek, al aclamado director de cine Kim Ki-duk y el actor Cho Jae-hyun, entre otros. Más allá de la posible vergüenza pública de estos personajes, pocos casos han tenido implicaciones legales. Algunas celebridades como Cho Jae-hyun y Yoon Ho-jin, otro dramaturgo, hicieron frente a las acusaciones y actuaron voluntariamente, renunciando a sus cargos y disculpándose públicamente, pero siguen libres y no se impuso penalización alguna, salvo en los casos de Ahn y Lee9 (“El director teatral”, 2018; “La fiscalía solicita”, 2019). Tras la acusación de su secretaria de Asuntos Políticos, Ahn Hee-jung renunció a la gubernatura de la provincia de Chungcheong del Sur y se disculpó encarecidamente a través de las redes sociales, lo cual no lo libró de ser expulsado del Partido Democrático, y en enero de 2019 la fiscalía solicitó una condena de cuatro años de prisión. Otros fueron castigados por su gremio, como el director teatral Oh Tae-seok, por quien el consejo estudiantil del Instituto de Bellas Artes de Seúl emitió un comunicado exigiendo su renuncia como profesor en el departamento de teatro de la universidad; o Kim Seok-man, otro director teatral y ex profesor de la Universidad Nacional de Artes de Corea del Sur, a quien se le negó su candidatura como director del Teatro Nacional de Corea.

Como en otros países, el movimiento alcanzó también al ámbito deportivo, especialmente porque en éste suelen operar relaciones de poder asimétricas que se prestan al abuso por parte de algunos entrenadores. En enero de 2019 se comenzó una investigación especial para indagar sobre la violencia sexual en la comunidad deportiva surcoreana, a partir de la denuncia de una conocida atleta olímpica, quien acusó a su antiguo entrenador por agresión sexual. La investigación sería coordinada por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, con el respaldo de los ministerios de Cultura, Deportes y Turismo, Educación e Igualdad de Género y Familia10 (“El Gobierno lanzará un equipo”, 2019).

Sobre esta cuestión, el presidente Moon Jae-in reconoció públicamente el problema y se comprometió a tomar medidas para erradicarlo, entre ellas, el reforzamiento de sanciones contra la violencia sexual en el sector público (antes que en el privado) mediante la revisión de la Ley Nacional de Función Pública.11 Sin embargo, el movimiento me too puso en evidencia que el enfoque gradual adoptado inicialmente no sería efectivo debido a los vacíos legales del sistema jurídico y la estructura social dominada por hombres que lo dispensan. El enfoque de género en la violencia y el acoso sexual todavía no ha construido el andamiaje institucional suficiente que acompañe al empoderamiento popular y mediático de personas que lo sufren, por lo que las penas por tales conductas no son disuasivas o capaces de modificar el marco mental instalado desde hace décadas o siglos.

En reacción al movimiento popular, el gobierno estableció que la sentencia de prisión máxima por abuso sexual será elevada de cinco a 10 años y que el plazo de prescripción se extenderá de siete a 10 años. Para los casos de acoso sexual, el castigo máximo será elevado de dos a cinco años, mientras que el plazo de prescripción se extenderá de cinco a siete años. Quienes encubran, ignoren o secunden crímenes sexuales en organizaciones o grupos también serán objeto de sanciones penales. Los altos ejecutivos de las compañías privadas que no tomen actos disciplinarios contra los casos de acoso sexual igualmente se enfrentarán a prisión y multas (“Corea del Sur anuncia normas”, 2018). El acompañamiento y apoyo a las víctimas también ha sido un componente importante de la discusión, pero se mantiene en el nivel de organizaciones civiles, aun cuando la mayoría de los partidos políticos apoyan los movimientos sociales de diferentes agrupaciones que simpatizan y abogan por la causa, lo cual apunta a que todavía queda un largo camino legal, social y cultural por recorrer.

Economía

El 2 de enero de 2019, ante miembros de la Federación Surcoreana de Pequeñas y Medianas Empresas, el presidente Moon Jae-in declaró: “Somos bien conscientes del hecho de que el desarrollo puede ser sostenido y que la felicidad en nuestras vidas diarias puede ser garantizada cuando todos y cada uno de los miembros de nuestra población disfruten de los beneficios del crecimiento económico”. Moon reconoció que el sendero era difícil de recorrer, pues nunca se había tomado, añadiendo que puede haber áreas en las que el gobierno no logre predecir o prever, pero que el camino que cambiará la economía nacional es uno que debe ser tomado (“Moon insiste”, 2019).

Efectivamente, la economía surcoreana enfrentó dificultades importantes durante el año analizado aquí. Buena parte de ellas fueron ocasionadas por las reformas planteadas para cumplir la promesa de transformar la economía en una sustentada en el ingreso, la cual es popular, pero técnicamente difícil de articular. Además, este año ha sido peculiarmente abundante en factores externos adversos, como la guerra comercial entre China y EU, el conflicto con Japón, el alza en los precios del petróleo y los lanzamientos de misiles norcoreanos. Todo lo anterior propició un clima de riesgo e incertidumbre que inhibe nuevas inversiones, lo cual desaceleró la recuperación, y, por tanto, afectó la base de la propuesta económica del gobierno de Moon Jae-in, que consiste en la creación de empleos y el apoyo a grupos vulnerables, como los ciudadanos con alguna discapacidad y aquellos de edad avanzada en situación de precariedad económica y el respectivo programa de pensiones.

Parte de la política del presidente Moon apuesta a que la iniciativa privada sea la protagonista del crecimiento económico a partir de un enfoque más horizontal, es decir, fortaleciendo a las PyMEs como el motor de crecimiento. Con ese objetivo se propuso incrementar el gasto gubernamental que buscaría privilegiar el crédito a este sector, ampliar la red de seguridad social y financiar proyectos y programas de infraestructura física y social en cada rincón del país, para lo cual desde el principio de su administración se ha intentado llevar a cabo la reforma fiscal expansiva que aumente el gasto público enfocado en mercado doméstico (consumo/gasto de los hogares) y que éste detone el ciclo de crecimiento; para lograr lo anterior, es preciso ampliar la base tributaria, lo que suele implicar el aumento al impuesto corporativo. Evidentemente esa política encontró gran resistencia.

Ante las dificultades económicas previsibles desde la segunda mitad de 2018 y acentuadas durante 2019, Moon Jae-in sostuvo numerosas reuniones con ex funcionarios y expertos económicos, incluyendo al ex primer ministro Chung Un-chan y los ex gobernadores del Banco de Corea para pedir consejos, así como con legisladores, líderes de los gobiernos provinciales y locales para fomentar la inversión y la creación de empleos en sus respectivas circunscripciones, y constantemente insta a los funcionarios de carteras económicas a promover la innovación (administrativa) y la desregulación. Desde su perspectiva, con la eliminación de reglas innecesarias o excesivas habría de incentivarse la inversión privada y vigorizar la actividad productiva, lo cual generaría nuevos empleos. Paradójicamente, la desregulación suele acompañarse de un aumento de la presencia de grandes capitalistas en áreas en las que suelen tener restricciones en aras de promover la justicia económica. De ahí la importancia de los créditos tributarios, el aumento en la devolución de impuestos para los hogares con bajo nivel de ingresos, la reducción en el costo de algunos servicios públicos como la electricidad y la estabilización del mercado inmobiliario con mayores impuestos sobre los propietarios de hogares y restricciones a las nuevas hipotecas para los propietarios de viviendas de alquiler. De esta manera, se supone que las start ups, las PyMEs y las empresas familiares estarían en mejores condiciones para competir e invertir a fin de generar empleos.

Conforme fue avanzando el segundo semestre de 2018, en varios lados comenzaron a surgir focos amarillos respecto a las posibilidades de cumplir las metas de crecimiento inicialmente planteadas. Comenzó a verse una notable coincidencia en los pronósticos de crecimiento económico, que señalaban una tendencia a la baja, empezando por los del Ministerio de Estrategia y Finanzas y el Banco de Corea, y siguiendo por los de varias agencias calificadoras y bancos de inversión nacionales e internacionales, como Goldman Sachs, S&P, Nomura, Fitch, Moody’s, UBS, think tanks surcoreanos muy influyentes como el KDI, el Instituto de Investigación Hyundai, y organismos internacionales como la OCDE y el FMI. Entre los factores de riesgo figuran el débil mercado laboral propiciado por el alza en el salario mínimo, que, consecuentemente, empeora el nivel de confianza de los consumidores y genera un patrón deflacionario tan negativo como el inflacionario. Asimismo, la inversión en construcción e instalaciones mostró una disminución, lo que se considera el motivo principal de la ralentización económica desde el inicio del periodo revisado en este artículo.

La gradual pero constante baja en las previsiones de crecimiento económico mensuales comenzó con cifras mixtas de crecimiento en las exportaciones, pero bajas en otros indicadores de la actividad económica general. Las caídas de la producción industrial (minera, manufacturera, gas, electricidad, etc.), la construcción y la demanda interna por la falta de inversión y la modesta creación de empleos impactaban el consumo y, por ende, el crecimiento. Hacia diciembre de 2018, según un informe del KDI, también las exportaciones empezaron a mostrar una desaceleración, debido principalmente a una demanda global más débil de bienes petroquímicos y de semiconductores surcoreanos (dos de los principales productos de exportación), lo cual profundizó la preocupación en el mercado.

El 9 de enero, el Ministerio de Economía y Finanzas reportó que la tasa de desempleo alcanzó 3.8% en 2018, siendo el nivel más alto desde 2001, mientras el número de personas empleadas creció sólo en 97 000 con respecto al año anterior, el aumento interanual más bajo desde 2009 (“Moon promete esfuerzos”, 2019; Smith, 2019).

Ante los desalentadores reportes de ralentización económica generalizada, con frecuencia el presidente Moon Jae-in tuvo que salir a defender su estrategia de crecimiento y reafirmar que su compromiso era trabajar por una "economía justa e inclusiva", más que en el crecimiento rápido que enriquece sólo a los conglomerados. Desde su perspectiva, los dividendos resultantes del gran esfuerzo realizado por el pueblo surcoreano para construir una nación pudiente han sido más bien capturados por las grandes corporaciones, que son las principales exportadoras y beneficiarias de la internacionalización económica surcoreana. Es más, Moon señaló que la dificultad para el crecimiento de las PyMEs y la subsistencia de la mayoría de los ciudadanos no respondía estrictamente al incremento del salario mínimo o al alza de impuestos, sino al “juego sucio y la corrupción, lo que condujo al agravamiento de la inequidad de la riqueza y el debilitamiento de la competitividad corporativa” (Moon reafirma su compromiso”, 2018). Lo interesante es que, a diferencia de su ex jefe, Roh Moo-hyun, Moon no es un aguerrido agente anti chaebol que busca su completo desmantelamiento; mediante su política económica y las reformas hacia un nuevo orden económico, Moon propuso una mayor cooperación entre ambos sectores para que el crecimiento fuera más parejo. Para lograrlo, el presidente considera necesario que los grandes capitalistas inviertan en la economía local; por eso, él y varios de sus asesores y miembros de su gabinete económico sostuvieron numerosas y constantes reuniones con representantes de asociaciones de negocios (tanto pequeños como grandes), organizaciones sectoriales y líderes de los principales conglomerados (Samsung, Hyundai, LG, SK, KT, entre otros), con objeto de solicitar y obtener su cooperación, sobre todo que aumentara la inversión destinada a crear empleos.

Durante el periodo revisado se publicaron reportes esporádicos de mejorías en el consumo privado, pero solían ser repuntes parciales y efímeros ocasionados por coyunturas en sectores específicos, mas no necesariamente consecuencia de la recuperación promovida por las políticas públicas. Por ejemplo, se registraron aumentos en la compra de aparatos electrodomésticos, especialmente purificadores de aire debido a preocupaciones por el polvo fino proveniente de China, así como en las ventas de autos para reducir los inventarios de las cadenas locales. En ocasiones se mencionaba que, dada la reducción de horas de la semana laboral, había mayor consumo de servicios de ocio o que el incremento en el salario mínimo permitía efectivamente mayor consumo, aunque eso no logró reflejarse de manera consistente a lo largo del año. En el primer trimestre de 2019, la economía se contrajo alrededor de 0.3% con respecto a lo reportado tres meses antes, lo que significa el peor rendimiento en una década, y en abril las exportaciones cayeron 2% en comparación con el año anterior.

No obstante, si bien equipos de investigación del FMI externaron su preocupación por el deterioro en el desempeño económico y la velocidad del incremento del salario mínimo (algo en lo que coincidieron la OCDE y varias calificadoras internacionales), señalaron que los indicadores macroeconómicos del país mostraron “fundamentos sólidos”, como una reducida deuda pública, amplias reservas de divisas (405 510 millones de dólares a finales de enero de 2019) y una sólida base industrial. Asimismo, la oficina presidencial trató de agregar un poco de optimismo, reportando en mayo un incremento sustancial en la generación de empleos y la reducción de la tasa de desempleo, lo cual fue corroborado por la Oficina Nacional de Estadística (“La oficina presidencial es optimista”, 2019).

En el año también se realizaron varios ajustes en altas esferas del gobierno, especialmente en aquellas encargadas del funcionamiento de la economía. En el contexto de la desaceleración económica, a principios de noviembre de 2018, Moon Jae-in destituyó al ministro de Finanzas, Kim Dong-yeon, y al jefe del personal presidencial para políticas de la casa presidencial, Jang Ha-sung, quien era el arquitecto de la emblemática política de crecimiento “liderada por los ingresos”. Ambos funcionarios habían protagonizado discusiones que expusieron discrepancias internas en el equipo cercano a Moon en cuanto a la manera de manejar la recuperación económica. Un mes después, el presidente llevó a cabo otra gran reestructuración de su gobierno, mediante la que sustituyó a 16 viceministros, la mayoría en carteras financieras, económicas y de desarrollo científico. Esta depuración fue interpretada como un intento por tener mayor control sobre la política económica, a la luz de la ralentización del sistema productivo y el mercado laboral. Kim Soo-hyun, quien apenas había remplazado a Jang, fue sustituido en junio de 2019 por Kim Sang-jo, jefe del supervisor antimonopolios del país. En ese mismo reacomodo, el primer viceministro de Economía y Finanzas, Lee Ho-seung, sucedió a Yoon Jong-won como jefe secretario presidencial para asuntos económicos. Tales cambios en tan poco tiempo dan cuenta de una seria preocupación por encontrar una respuesta más efectiva a la presentación e implementación de políticas económicas, siempre y cuando siguieran la directriz de crecimiento equitativo e inclusivo liderado por ingresos, la bandera guía del gobierno.

Sin embargo, los problemas internos que enfrentó la implementación de la política económica se acompañaron de problemas externos sobre los que el país tiene poco control y otros de índole bilateral. Por ejemplo, la fricción comercial entre China y EU, que ha dominado el ambiente diplomático y las expectativas de crecimiento en la región durante todo el año, impactan en la economía surcoreana debido a las conexiones de las cadenas de suministro que tienen sus corporaciones con ambas potencias. La preocupación principal ha sido cómo esta situación afecta las ventas de semiconductores y productos intermedios a China, ya que esa economía absorbe un cuarto de sus exportaciones. Con frecuencia, este factor fue considerado un elemento clave para explicar la incertidumbre reinante en la economía surcoreana, pues se trata de sus principales socios comerciales (las exportaciones a China y EU representan 40% del total),12 lo que oscurece el panorama de su demanda externa. Por tanto, mientras el conflicto entre las potencias no se resuelva pacíficamente, la RDC deberá considerar medidas alternativas para sobrellevar el impacto en las exportaciones, lo que seguramente tendrá trascendencia en su capacidad interna de cumplir con las metas de crecimiento y de estimular la generación de empleos.

Y si lo anterior no era ya demasiado, este año también atestiguó el que, sin duda, es el problema bilateral más importante: el conflicto diplomático/comercial con Japón. La querella que le dio origen es antigua y se originó hace casi 14 años, cuando cuatro surcoreanos presentaron una demanda por daños y perjuicios contra la siderúrgica japonesa Nippon Steel & Sumitomo Metal Corp. por el trabajo forzado a que fueron sometidos durante la Segunda Guerra Mundial. El 30 de octubre de 2018, el Tribunal Supremo de Corea del Sur tomó el caso y reconoció sus derechos individuales a compensación por el crimen contra la humanidad en tiempos de guerra, dictando que se deberían pagar 88 000 dólares a cada víctima.

Obviamente el gobierno de Japón, por intermedio de su embajada en Seúl, y con comunicados y varias declaraciones de altos funcionarios, reaccionó aduciendo reiteradamente que eso había quedado resuelto desde el acuerdo bilateral de 1965, que concluyó en la normalización de sus relaciones diplomáticas.13 El gobierno japonés reprochó la resolución del Tribunal, desentendiéndose de la demanda (como de otros reclamos históricos muy conocidos), lo cual ofendió a funcionarios del gobierno surcoreano y a buena parte del pueblo, quienes protestaron enfáticamente y exigieron que se respetara la resolución autónoma del Tribunal. A mediados de noviembre, la embajada japonesa en Seúl cerró filas junto con un centenar de empresas miembros del Club Japón de Seúl (Seoul Japan Club), cuyos representantes asistieron a una reunión informativa sobre el caso para tomar una posición al respecto.

La postura de Japón es entendible, pues atender cualquier resolución de esa naturaleza crearía un antecedente imposible de revertir, especialmente si se tiene en cuenta que existen demandas similares presentadas por surcoreanos a la espera de sentencias. Por ejemplo, hacia finales de noviembre de 2018, el Tribunal Supremo de Corea emitió otra resolución en la que ordenó a Mitsubishi Heavy Industries compensar a 10 surcoreanos que trabajaron en sus fábricas en 1944 sin que se les pagara, así como a una familiar de otra víctima14 (“Corea del Sur se molesta”, 2018). El canciller japonés, Taro Kono, describió inmediatamente este veredicto como “muy lamentable e inaceptable” y solicitó al gobierno surcoreano que tomara medidas adecuadas, pues de lo contrario Japón consideraría “todas las opciones”, incluida una demanda ante el tribunal internacional. Seguramente hay cientos de miles de denuncias más en China y el sureste de Asia. Lo cierto es que estas demandas se suman a otras más antiguas y no menos válidas, como las de las “mujeres de confort”, y a la interpretación nacionalista del periodo de ocupación japonesa de la península coreana en los libros de texto y las visitas al templo Yasukuni del jefe de gobierno japonés, que siguen siendo piedras en los zapatos de la relación bilateral.

Desde mayo de 2019 comenzaron a realizarse reuniones entre altos ejecutivos surcoreanos y japoneses para tratar de resolver el entuerto, especialmente en el marco de foros y mecanismos internacionales como la OCDE y la OMC. Moon Jae-in y Shinzo Abe se encontraron brevemente en el marco de la reunión cumbre del G-20, pero sin mostrar indicios claros de reconciliación más que el haberse dado la mano. El 5 de noviembre de 2019 volvieron a encontrarse antes de la cumbre de la “ASEAN más tres” en Bangkok; el presidente Moon calificó la reunión de 11 minutos como “significativa” (“Moon evalúa”, 2019).

Esta “guerra de Historias” derivó en un conflicto comercial que provocó un deterioro en el intercambio de ciertos bienes e impactó en el desempeño de las exportaciones surcoreanas. Como medio de presión al manejo del asunto del trabajo forzado en tiempos de guerra por parte del gobierno surcoreano, a principios de julio de 2019 Japón comenzó a endurecer las regulaciones sobre exportaciones de materiales clave esenciales para semiconductores y pantallas a la RDC.

Si bien este tipo de disputas sobre la “correcta interpretación de la Historia” y sus ramificaciones en las relaciones bilaterales políticas y económicas no es algo nuevo, en esta ocasión ocurrió en el contexto del 100º aniversario del primer movimiento de independencia, en marzo de 1919 (en relación con el cual se hicieron varios actos conmemorativos y homenajes con una fuerte carga simbólica). Por lo tanto, el manejo político y discursivo abona a que el gobierno surcoreano obtenga cierto apoyo popular, posiblemente recuperando lo perdido debido al deterioro económico causado por los problemas internos de implementación de la política económica progresista y cuestiones externas, como la disputa comercial sino-estadunidense. Sin embargo, más allá de la conmemoración de este hito en la formación de la identidad coreana en el siglo XX, la crisis comercial con Japón tuvo repercusiones importantes en el desempeño económico, que afectaron particularmente las exportaciones, el pilar que más o menos mantenía a flote al resto de la economía. Esta consecuencia no intencionada obligó a las partes a buscar una solución a través de mecanismos multilaterales, los cuales todavía seguían en marcha mientras se escribía esta sección.

El deshielo temporal de las relaciones intercoreanas también ha sido considerado un factor notable para el desempeño económico y la confianza de los inversionistas y las calificadoras internacionales. Por ejemplo, en Moody’s se considera que, a pesar del avance en la distensión en la península coreana, todavía quedan dudas sobre su prominencia y durabilidad, lo que impide mejorar la clasificación crediticia, ya que los riesgos geopolíticos siguen siendo un tema delicado en el corto plazo. La siguiente sección abordará ese y otros temas relevantes en las relaciones exteriores de la RDC.

Política intercoreana y externa

Como se revisó en los apartados anteriores, Corea del Sur encaró un panorama adverso en términos políticos y económicos. Por ello, fuera de sus fronteras buscó formas de mitigar las contrariedades. Fiel al perfil progresista de Moon Jae-in, su gobierno ha intentado una política de acercamiento con Corea del Norte, con miras a la reconciliación y la paz nacionales, pero también para -en cierto modo- apuntalar o mantener su popularidad. Por otro lado, en medio de una desaceleración económica marcada por el proteccionismo y las guerras comerciales, la RDC ha buscado en el exterior formas de paliar los daños a sus exportaciones, así como expandir vínculos con regiones potencialmente dinámicas.

Cabe recordar que en las primeras tres cuartas partes de 2018 se logró un gran avance en las relaciones entre la RDC y la RPDC, especialmente tras las cumbres intercoreanas realizadas en Panmunjom, el 27 de abril, y en Pyongyang, del 18 al 20 de septiembre (The National Committee on North Korea, 2018a y 2018b). En esta última se firmó una declaración conjunta, conocida como la Declaración de Pyongyang, además de un acuerdo militar.15

Los acuerdos bilaterales y los hechos simbólicos16 generaron optimismo. A finales de septiembre, en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el presidente Moon Jae-in habló de la urgencia de finalizar la guerra de Corea y declaró que estaba deseoso de ver medidas firmes hacia ese propósito de todas las partes involucradas en el conflicto. De ahí que la continuidad y la aplicación de lo pactado en Pyongyang dependiera en gran medida de la eliminación de las sanciones económicas internacionales a Corea del Norte; para esto, se requiere la cooperación de EU, aunque ésta fue condicionada al progreso en el desmantelamiento del programa nuclear norcoreano17 (Welna, 2018).

En el último trimestre de 2018, ambas Coreas, a su manera, buscaron medios para incrementar la cooperación, pero las sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU impidieron profundizar los compromisos. Autoridades de la RPDC se reunieron con autoridades chinas y rusas, y emitieron un comunicado conjunto que llamaba a la revisión de las sanciones (“DPRK, Russia and China”, 2018). Ambas Coreas sostuvieron reuniones ministeriales a mediados de octubre, cuando simbólicamente se acordó iniciar el proyecto para conectar las vías férreas y carreteras de ambos países. Para celebrar este acto, el gobierno surcoreano negoció durante más de dos meses con el Consejo de Seguridad de la ONU excepciones a las restricciones para ingresar materiales de construcción en Corea del Norte. Finalmente, la ceremonia se realizó a finales de diciembre (Kim, 2018).

Este aparente progreso fue opacado por el estancamiento de las relaciones norcoreano-estadounidense. A pesar de la reunión de Pompeo y Kim Jong-un en octubre, cuando el líder norcoreano se comprometió a permitir la entrada de inspectores para verificar la destrucción del sitio de pruebas nucleares de Punggye-ri, EU no cambió su posición con respecto a las sanciones ni dejaron de realizarse los ejercicios militares conjuntos de Taeguk (Smith y Lee, 2018). Ante esta inflexibilidad, Pyongyang suspendió las reuniones con Pompeo programadas para noviembre y probó un arma táctica de alta tecnología que no violaba la tregua de pruebas balísticas o nucleares (Haye-a, 2018). Este impasse no se rompió en diciembre.

En su discurso de año nuevo, Kim Jong-un se declaró dispuesto a reunirse de nuevo con Donald Trump. Las opciones para una nueva cumbre fueron exploradas por funcionarios de ambos países en Estocolmo y Washington a mediados del mes y las reuniones preparatorias de la cumbre comenzaron a principios de febrero. La reunión se llevó a cabo el 27 y 28 de febrero en Hanoi, Vietnam. Pese al optimismo inicial de ambas partes, las negociaciones terminaron abruptamente sin un comunicado conjunto. En una posterior conferencia de prensa, Ri Yong-ho, ministro de Asuntos Exteriores norcoreano, afirmó que la RPDC puso sobre la mesa el desmantelamiento completo de las instalaciones nucleares de Yongbyong a cambio de levantar una parte de las sanciones, lo que no fue aceptado por la delegación estadounidense, que demandaba acciones más contundentes y definitivas (Byrne, 2019).

Después de la cumbre en Hanói quedó en evidencia la gran brecha existente entre las posiciones estadounidenses y norcoreanas, lo cual ocasionó que las reuniones de trabajo entre ambos países casi desaparecieran. Con este distanciamiento, el interés de la RPDC por cooperar con la RDC también sufrió un decaimiento notable y los meses siguientes se caracterizaron por el enfriamiento y llamados para regresar a la mesa de negociación que cayeron en oídos sordos.18

Tras casi cuatro meses de estancamiento y aprovechando la visita de Donald Trump a Seúl, éste y Kim Jong-un tuvieron una reunión de 50 minutos en Panmunjom el 30 de junio (McCurry, 2019). A pesar de haber acordado reanudar en julio las reuniones de trabajo preparatorias para una tercera cumbre, no fue posible llevarlas a cabo; por el contrario, durante julio y agosto la RPDC presentó un nuevo submarino, probó misiles balísticos de corto alcance y se acercó diplomáticamente a Rusia y China. Además, la RDC adquirió dos aviones de combate y realizó los ejercicios militares conjuntos con EU llamados Dong Maeng. A principios de octubre parecía que el diálogo podría finalmente ocurrir, pues autoridades norcoreanas y estadounidenses se reunieron en Estocolmo; sin embargo, para los norcoreanos la negociación fue insatisfactoria y nuevamente congelaron las pláticas para la desnuclearización (Ahlander O’Connor, 2019).

En general, las relaciones intercoreanas se estancaron en 2019. Tanto la RDC como la RPDC buscaron aplicar la ruta trazada en los documentos firmados en 2018. Sin embargo, esta voluntad no se materializó debido a las sanciones del Consejo de Seguridad, que impiden una cooperación más profunda. Como consecuencia de la inflexibilidad estadounidense para aminorar las sanciones, la RPDC ha realizado acercamientos diplomáticos con China y Rusia, pero también provocaciones de baja escala, para recordar a EU y a la RDC que puede reiniciar sus operaciones nucleares y balísticas intercontinentales en cualquier momento.

En la interlocución entre Corea del Sur y otros Estados resaltaron varios temas en común en la agenda. El primero, el proceso de paz y desnuclearización de la península coreana; en cada foro, reunión o visita de trabajo, las autoridades surcoreanas buscaron el apoyo o respaldo de sus contrapartes, especialmente de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU; temas de cooperación tecnológica, científica e industrial fueron un común denominador, sobre todo el rubro del 5G y de las ciudades inteligentes. Otro tema importante en la agenda fue la estrategia de aminorar las consecuencias del proteccionismo y las guerras comerciales.

En las relaciones con la Unión Europea destacan los temas sobre la península coreana y el comercio. En visitas realizadas en octubre de 2018, Moon trató de granjearse el apoyo de autoridades de Francia, Reino Unido, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, Italia y Alemania para aminorar las sanciones a Corea del Norte. Asimismo, las autoridades surcoreanas negociaron que la respuesta de la Unión Europea al proteccionismo estadounidense no afectara las exportaciones surcoreanas de aluminio y acero. Otros temas presentes en la agenda fueron cooperación en defensa, comercio, inversión, ciencia, tecnología, turismo y temas globales como cambio climático, sustentabilidad y crisis de refugiados.

El gobierno surcoreano mantuvo un particular interés en el sureste de Asia. El presidente Moon Jae-in realizó dos giras, una en marzo y otra en septiembre de 2019. En la primera visitó Brunéi, Malasia y Camboya; en la segunda, Tailandia, Myanmar y Laos. En general, los temas de discusión se centraron en cooperación agrícola, tecnológica, industrial, transporte, infraestructura, finanzas y energética (especialmente con Brunéi).

Con EU, China y Rusia se mantuvo una relación cordial, centrada fundamentalmente en la cuestión de la paz y la desnuclearización de la península coreana. Con China y Rusia no se realizó una gira de trabajo de alto nivel, sólo algunas reuniones interministeriales y una o dos reuniones, por separado, con jefes de Estado, en el marco de la reunión anual del foro APEC en noviembre de 2018 y en la del G20 efectuada en Osaka en junio de 2019. Con EU hubo dos visitas: de Moon a Trump en abril y viceversa después del G20 de Osaka. La dificultad de los acercamientos estribó en las agendas contrapuestas de las potencias, pues China y Rusia, de cierta forma, apoyan una reducción de las sanciones a la RPDC, mientras EU condiciona dicha reducción de sanciones a la desnuclearización. El rol de mediador desempeñado por la administración de Moon ha sido un reto grande y existe preocupación respecto a que el tiempo restante para avanzar de manera sustancial en la construcción de la paz en la región es cada vez menor.

La RDC empleó los organismos y foros internacionales para posicionar temas relevantes de su agenda internacional, como la desnuclearización de la península coreana; así lo hizo en las sesiones del G20 en Buenos Aires y Tokio, también en la Asamblea General de la ONU. Asimismo, utilizó foros como el G20 de Osaka o el de ASEAN, para criticar posiciones proteccionistas, especialmente de Japón, con el que mantiene una relación discordante.

En noviembre de 2018, el gobierno de Moon canceló el acuerdo con el que Shinzo Abe y Park Geun-hye, anterior presidenta de Corea del Sur, concluyeron la disputa de las “mujeres de confort”. A esto se agregó la sentencia de la Suprema Corte para que algunas compañías japonesas compensaran a las familias de trabajadores afectados durante el periodo colonial. Algunos autores suponen que esto derivó en restricciones a la exportación de químicos necesarios para la producción de semiconductores y pantallas de teléfonos inteligentes a Corea del Sur (Arrington, 2019). Japón afirma que la medida respondió a cuestiones de seguridad, pues Corea del Sur no cuenta con controles que eviten su reexportación, por lo cual los materiales, que tienen un uso militar, han llegado a Corea del Norte, violando las sanciones del Consejo de Seguridad (“Where to now”, 2019). Asimismo, el gobierno de Tokio eliminó a Corea del Sur de su lista de socios comerciales preferentes, lo que hizo que el gobierno de Seúl también eliminara a Japón de su lista correspondiente, iniciara una queja en la Organización Mundial de Comercio y no refrendara un tratado de intercambio de información para acciones de inteligencia (Dooley y Sang-Hun, 2019).

Muy probablemente, la tensión causó que el primer ministro Lee Nak-yon, y no Moon Jae-in, asistiera a la entronización del emperador Naruhito a finales de octubre; sin embargo, éste empleó su estancia en Japón para hacerle llegar al primer ministro Shinzo Abe una carta a nombre del Ejecutivo surcoreano (Sang-ho, 2019). Fue recibido y conversaron, en el que representó el encuentro de más alto nivel entre ambos países en casi un año. Ambos coincidieron en la necesidad de cooperar en el tema norcoreano.

APEC

El papel de Corea del Sur en el foro APEC fue, como siempre, activo. Por su dependencia del sector externo, mecanismos como éste son indispensables para mantener abiertos e integrados los mercados regionales e internacionales. Para la RDC, las relaciones económicas con China y el sureste de Asia son fundamentales, debido a que históricamente la mayor parte del comercio y las inversiones se llevan a cabo en esas regiones, además de con EU. Por eso, ante la guerra comercial sino-estadounidense, APEC tiene una importancia fundamental, ya que ambas potencias son economías miembros y les conviene mantener abiertos esos espacios de diálogo.

Si bien Corea del Sur es un actor intermedio con capacidades modestas de hacer una diferencia significativa en la disputa transpacífica, hay muchos otros asuntos que son de su interés y es en APEC donde puede manifestar su posición de manera puntual para conseguir el respaldo internacional a su iniciativa de paz en la península coreana. Por ejemplo, en la cumbre de líderes de las economías de APEC en Papúa Nueva Guinea, Moon Jae-in buscó vincular su agenda de seguridad regional con los propósitos de promover el intercambio comercial y la prosperidad económica regional, que es la propia.

El tema de la reunión de líderes de las 21 economías miembros del APEC en noviembre de 2018 se etiquetó bajo el lema “Aprovechando oportunidades inclusivas, abrazando el futuro digital”. Sin duda, éste es un tema en el que la RDC tiene mucho que aportar. Concretamente, Moon Jae-in planteó su visión sobre una economía innovadora e inclusiva y propuso la creación de un fondo conjunto, el Fondo de Innovación Digital de APEC, con el fin de mejorar las capacidades digitales de la región y reducir la brecha todavía existente. Por supuesto, Moon dijo que Corea del Sur podría contribuir de forma constructiva a la creación y operación de tal fondo, poniéndose de ejemplo para el crecimiento inclusivo, innovador y sostenible en la región.

En el marco de dicho foro, Moon Jae-in participó en cumbres anuales organizadas en Singapur por la ANSEA: una cumbre entre la RDC y la ANSEA; una cumbre de la ANSEA más tres, en la que también estuvieron China y Japón y la Cumbre de Asia Oriental. Asimismo, se reunió con la entonces directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, para señalar su preocupación sobre el proteccionismo, el crecimiento desigual y la volatilidad monetaria internacional causada por las políticas expansionistas de algunos países importantes. Además, Moon tuvo reuniones individuales con los líderes de la región, en las cuales se ventilaron asuntos de interés económico común, pero también temas vinculados con la desnuclearización de Corea del Norte y el avance en el largo e interrumpido proceso de paz en la península. Destaca la reunión sostenida con Xi Jinping, con quien abordó ese asunto, al igual que las reuniones con el presidente ruso, Vladímir Putin, y el vicepresidente de EU, Mike Pence. En la reunión con Xi se reconoció la importancia de celebrar una nueva cumbre intercoreana, en la que esta vez sea Kim Jong-un quien viaje a Seúl en reciprocidad de la última reunión entre ambos líderes realizada en Pyongyang. Hasta este momento dicha reunión no se ha realizado y difícilmente ocurrirá en lo que queda de 2019.

En la reunión con Xi Jinping, además de discutir sobre los esfuerzos de paz en la península coreana, se planteó la propuesta de que las dos Coreas organicen conjuntamente los Juegos Olímpicos de Verano en 2032, frente a lo cual China expresó su intención de apoyar; se planteó también el proyecto de repatriación de restos de soldados chinos que podrían permanecer en Corea desde de la guerra de 1950-1953; asimismo, el tema medioambiental más importante en la agenda fue la cooperación para resolver o mitigar el problema de la contaminación ocasionada por polvo fino.

La información revisada en los apartados anteriores permite afirmar que Corea del Sur ha mantenido dos temas fundamentales en su política exterior. Primero, el tema de la paz y desnuclearización de Corea del Norte. Para romper el estancamiento de las negociaciones, se necesita la reducción de sanciones; en consecuencia, Moon ha buscado apoyos internacionales para este fin. Segundo, las dificultades económicas internas y externas han obligado al gobierno de la RDC a subsanar los daños causados por las medidas proteccionistas y las guerras comerciales, pero también a profundizar las relaciones económicas y la cooperación con zonas de alto potencial económico, sobre todo ha mostrado un particular interés con el sureste de Asia. El resultado de esta estrategia tendrá que visualizarse en una recuperación de las exportaciones surcoreanas y en un repunte de su economía, aspectos a evaluar en los siguientes años.

Obituario

El 10 de junio de 2019 falleció Lee Hee-ho, ex primera dama y viuda del ex presidente liberal Kim Dae-jung. Lee tenía 96 años y sufría de cáncer hepático. Será recordada, entre otras cosas, por acompañar fielmente a su esposo en el proceso de democratización surcoreana en los años setenta y ochenta, por defender junto a él los esfuerzos de paz y reconciliación intercoreana, y como activista por los derechos de las mujeres.

Citas

  1. Ahlander J., O’Connor P.. North Korea breaks off nuclear talks with U.S. in Sweden. Reuters. 2019. Publisher Full Text
  2. Arrington C. Japan claims it’s restricting exports to South Korea because of ‘national security.’ Here’s the real reason why. The Washington Post. 2019. Publisher Full Text
  3. Byrne L. North Korean FM says Pyongyang asked for ‘partial’ sanctions relief. http://www.nknews.org/2019/02/north-korean-fm-says-pyongyang-asked-for-partial-sanctions-relief/. 2019. Publisher Full Text
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  10. El Gobierno lanzará un equipo de investigación especial para indagar la violencia sexual en el sector deportivo. Agencia de Noticias Yonhap. 2019. Publisher Full Text
  11. El presidente Moon dice que la igualdad de oportunidades para todas las personas completará la fundación del país. Agencia de Noticias Yonhap. 2019. Publisher Full Text
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  20. Moon insiste en que las dificultades son una parte necesaria del cambio que tanto se precisa. Agencia de Noticias Yonhap. 2019. Publisher Full Text
  21. Moon promete esfuerzos para los beneficios visibles del crecimiento impulsado por los ingresos en 2019. Agencia de Noticias Yonhap. 2019. Publisher Full Text
  22. Moon reafirma su compromiso para la economía justa. Agencia de Noticias Yonhap. 2018. Publisher Full Text
  23. Moon se disculpa por el fracaso en cumplir la promesa electoral sobre el salario mínimo. Agencia de Noticias Yonhap. 2019. Publisher Full Text
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