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Resumen

En 2019, la nota principal en Indonesia fue el triunfo de Joko Widodo —personaje conocido simplemente como “Jokowi”— en las elecciones presidenciales de este año, con lo cual el popular ex alcalde de Yakarta consiguió un segundo mandato que le permitirá encabezar aquella nación insular del sureste asiático hasta 2024. Como ocurrió en 2014, Jokowi se alzó con la victoria electoral tras imponerse otra vez a su rival de hace cinco años, el general Prabowo Subianto, al final de una contienda desgastante que amenazó nuevamente con polarizar a la sociedad indonesia. Sin embargo, en esta ocasión Jokowi ha procurado impulsar de inmediato una reconciliación nacional a fin de superar las diferencias con sus adversarios políticos en pro de fortalecer la unidad del país al integrar a Prabowo en su gabinete, pues el presidente considera fundamental fortalecer el Estado indonesio no sólo para mantener el impulso de su programa reformista sino también para hacer frente a los desafíos del país, entre los que se encuentra la persistencia de la amenaza terrorista y el resurgimiento de los anhelos separatistas en la provincia de Nueva Guinea occidental. En esta nueva oportunidad para lograr su intención de modernizar Indonesia, Joko Widodo enfrenta además tiempos de incertidumbre pues, si bien la economía de Indonesia ha crecido de manera constante durante los últimos años, el país ya avizora los efectos de la guerra comercial entre los Estados Unidos y China en medio de un escenario de presión sobre las finanzas nacionales; luego de que la reforma fiscal impulsada por Jokowi no ha conseguido fortalecer las arcas del Estado indonesio, las inversiones no han llegado al país en la proporción esperada por el gobierno y los gastos corrientes consumen buena parte del presupuesto nacional. No obstante, la popularidad de Widodo sigue siendo muy elevada, en tanto gran parte de la población indonesia está satisfecha con la gestión presidencial de tal personaje y esta percepción positiva brinda un margen de maniobra considerable a Jokowi para comenzar su segundo periodo como líder de Indonesia.

Introducción

En 2019, la nota principal en Indonesia fue el triunfo de Joko Widodo -personaje conocido simplemente como “Jokowi”- en las elecciones presidenciales de este año, con lo cual el popular ex alcalde de Yakarta consiguió un segundo mandato que le permitirá encabezar aquella nación insular del sureste asiático hasta 2024. Como ocurrió en 2014, Jokowi se alzó con la victoria electoral tras imponerse otra vez a su rival de hace cinco años, el general Prabowo Subianto, al final de una contienda desgastante que amenazó nuevamente con polarizar a la sociedad indonesia. Sin embargo, en esta ocasión Jokowi ha procurado impulsar de inmediato una reconciliación nacional a fin de superar las diferencias con sus adversarios políticos en pro de fortalecer la unidad del país al integrar a Prabowo en su gabinete, pues el presidente considera fundamental fortalecer el Estado indonesio no sólo para mantener el impulso de su programa reformista sino también para hacer frente a los desafíos del país, entre los que se encuentra la persistencia de la amenaza terrorista y el resurgimiento de los anhelos separatistas en la provincia de Nueva Guinea occidental. En esta nueva oportunidad para lograr su intención de modernizar Indonesia, Joko Widodo enfrenta además tiempos de incertidumbre pues, si bien la economía de Indonesia ha crecido de manera constante durante los últimos años, el país ya avizora los efectos de la guerra comercial entre los Estados Unidos y China en medio de un escenario de presión sobre las finanzas nacionales; luego de que la reforma fiscal impulsada por Jokowi no ha conseguido fortalecer las arcas del Estado indonesio, las inversiones no han llegado al país en la proporción esperada por el gobierno y los gastos corrientes consumen buena parte del presupuesto nacional. No obstante, la popularidad de Widodo sigue siendo muy elevada, en tanto gran parte de la población indonesia está satisfecha con la gestión presidencial de tal personaje y esta percepción positiva brinda un margen de maniobra considerable a Jokowi para comenzar su segundo periodo como líder de Indonesia.

Joko Widodo, el “populista” al frente de Indonesia

Si bien Joko Widodo alcanzó renombre en Indonesia gracias a su desempeño como alcalde de Yakarta entre 2012 y 2014, su estilo de gobierno se perfiló desde su gestión como alcalde de su natal Surakarta: de origen humilde y forjado a sí mismo gracias a su afán de superación personal, Jokowi tiene fama de honesto, dinámico y cercano a la gente; desde ese entonces solía presentarse personalmente en reuniones directas con la población a fin de identificar las inquietudes de sus gobernados y establecer cuáles debían ser las metas prioritarias de la administración local; ello le valió recibir el calificativo de “populista”, a pesar de que ese tipo de visitas imprevistas realizadas por un gobernante a los barrios populares se apoya en la tradición javanesa conocida como blusukan (Adityowati, 2014). En 2012, Jokowi se lanzó a la contienda por la alcaldía de Yakarta, apoyado en su popularidad y con el respaldo del PDI-P, el Partido Democrático Indonesio de Lucha, la principal fuerza política del país gracias a la participación en sus filas de Megawatti Soekarnoputri, hija del extinto líder nacionalista Sukarno y ex presidenta de Indonesia. Como alcalde de Yakarta, Widodo aumentó su popularidad tras la aplicación de iniciativas orientadas al mejoramiento de la infraestructura urbana, el combate al dispendio en la administración de la ciudad y la creación de programas de bienestar social, como servicios de salud y becas para la población más necesitada de la capital. Además, la cobertura de sus actividades oficiales por parte de los medios de comunicación convirtió a Jokowi en una figura conocida en todo el archipiélago, lo cual le permitió postularse con éxito a la presidencia del país en 2014. Personaje sin vínculos con la clase política tradicional de Indonesia o el ejército, el ser un político ajeno al establishment fue una de sus mejores cartas de presentación para conseguir el triunfo en la campaña presidencial, al presentarse como un candidato sin compromisos y dispuesto a impulsar un amplio programa de transformación para Indonesia; ello le permitió derrotar en la contienda al general Prabowo Subianto, militar formado en la era Suharto y candidato favorito de los sectores conservadores del país.

Ya siendo presidente, Joko Widodo ha aplicado un amplio programa reformista conocido como Nawa cita, cuyos objetivos principales son impulsar la construcción de obras de infraestructura para fortalecer la conectividad en todo el archipiélago, además de apuntalar la defensa del territorio nacional ante la incursión ilegal de navíos extranjeros en aguas indonesias, empujar una mayor participación de Indonesia en los principales foros internacionales y combatir flagelos como el terrorismo, la corrupción y el tráfico de estupefacientes. Además de extender la cobertura de distintos programas de bienestar social hacia la mayor parte de la población indonesia, del mismo modo que lo hizo en Yakarta, Jokowi ha promovido el desarrollo de las regiones más apartadas del país (Hernández Sánchez, 2017). Con tal programa como emblema de su gestión presidencial, los cinco años del gobierno de Jokowi se han caracterizado significativamente por la construcción de carreteras y distintas obras de infraestructura, tanto en la isla de Java -la más poblada del país y sede tradicional del poder político y económico- como en las zonas más aisladas, a lo que se suma el temple exhibido por el ex alcalde de Yakarta en la aplicación de su política antidrogas, el combate al terrorismo y su compromiso con la defensa integral del territorio nacional, tal como lo ha manifestado al ordenar la detención e incluso el hundimiento de los navíos extranjeros sorprendidos ilegalmente en aguas indonesias. Al mismo tiempo, Widodo ha impulsado una política exterior dinámica, orientada principalmente a captar nuevas inversiones foráneas para el país, aunque también ha fomentado un acercamiento con actores internacionales distintos a los frecuentados tradicionalmente por la diplomacia indonesia, por ejemplo, al impulsar la ampliación de acuerdos de cooperación con naciones del Medio Oriente, África y Oceanía. El resultado de este activismo en materia de política exterior ha sido que Indonesia ocupa hoy un puesto como integrante del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y participa también en foros de gran relevancia, entre ellos el G-20. Dotado de un gran carisma y una energía aparentemente inagotable, Jokowi encabeza una administración bien evaluada por la mayoría de sus compatriotas y desde el exterior, por lo que se apresta a dar comienzo a un nuevo periodo de gobierno con la intención de dar continuidad a su programa reformista y atender compromisos -como el combate a la corrupción- cuyos resultados aún no han sido tan convincentes en comparación con los obtenidos en las áreas antes mencionadas.

Política interna

Otra vez elecciones polémicas

Tras una intensa campaña electoral de siete meses, los ciudadanos indonesios acudieron en abril pasado a elegir nuevo presidente, debiendo decidir entre el popular Joko Widodo y el general Prabowo Subianto, rivales por segunda ocasión en la misma instancia. Esta vez, Jokowi se postuló siendo apoyado nuevamente por una coalición encabezada por el Partido Democrático Indonesio de Lucha, acompañado ahora por Maruf Amin como compañero de fórmula; la selección de un clérigo musulmán líder de Nahdlatul Ulama, una de las dos mayores organizaciones islámicas del país, reveló la intención de acallar las críticas de aquellos sectores que han cuestionado a Widodo, acusándolo de ser un líder poco comprometido con los intereses de la comunidad musulmana del país. Por su parte, el general Prabowo no sólo recibió el apoyo de su partido, Gerindra, sino también el de varias organizaciones conservadoras como el Frente de Defensores del Islam, que ha destacado en la escena política indonesia durante los últimos años por presionar a distintos líderes para que muestren mayor adhesión a los principios y valores del Islam. En un contexto nacional caracterizado por la aparición de expresiones de intolerancia hacia aquellas prácticas consideradas poco afines a los valores del Islam -cuya mayor expresión fue el encarcelamiento de Basuki Tjahaja Purnama, popular alcalde de Yakarta de ascendencia china, por cargos de blasfemia en 2017 (Hernández Sánchez, 2018)-, la elección presidencial de 2019 ya no sólo parecía ser una contienda entre Jokowi y el general Prabowo, sino incluso una nueva manifestación de la rivalidad abierta entre el Islam moderado y las organizaciones musulmanas radicales que han proliferado recientemente en varias partes de Indonesia, la nación con la mayor población musulmana en el mundo.

Apoyándose en una aprobación popular superior a 68%, durante la campaña electoral Jokowi enfatizó su determinación de mantener la dinámica reformista de su administración por medio de la aprobación de más proyectos de infraestructura, la ampliación de la cobertura de los programas sociales, el mantenimiento del combate a flagelos sociales como las drogas o la aparición de expresiones de radicalismo entre la población de Indonesia, destacando la necesidad de fortalecer la unidad nacional y el espíritu de tolerancia y respeto hacia la diversidad del país, tal como está expresado en Pancasila, la ideología oficial del Estado indonesio. Al respecto, el presidente ratificó su compromiso de impulsar el desarrollo integral del país promoviendo proyectos que contribuyan al mejoramiento de las condiciones de vida en todo el archipiélago, a fin de superar el rezago de islas como Nueva Guinea occidental, Borneo o Célebes con respecto a Java, buscando conservar la preferencia de los electores radicados en aquellas regiones; además, Widodo reiteró su deseo de fortalecer aún más la defensa de la integridad territorial del país, apoyándose en los resultados obtenidos por Susi Pudjiastuti, la célebre ministra de Asuntos Marítimos y Pesca, quien fuera responsable de ordenar el hundimiento de barcos extranjeros sorprendidos en el momento de realizar actividades ilegales en aguas indonesias. Para reforzar sus probabilidades de reelección, Jokowi también se respaldó en la difusión constante de los datos que registran el crecimiento de la economía indonesia, poniendo énfasis en la generación de empleos conseguidos durante su administración, la baja inflación del país y el impulso al mercado interno propiciado por el fuerte gasto gubernamental canalizado hacia obras de infraestructura, comprometiéndose a mantener tales tendencias en caso de ser favorecido con el voto de los indonesios. Asimismo, Widodo procuró ser fiel a su propio estilo al mantener su cercanía con la gente, tal como lo ha hecho desde los comienzos de su carrera política, y esta actitud, convenientemente difundida en los medios de comunicación, sin duda es uno de sus mayores activos, pues la población indonesia está acostumbrada a ver en todo momento al presidente en encuentros con la gente y no sólo durante el periodo electoral.

Por su parte, el general Prabowo intentó ganar la preferencia del electorado destacando el escaso compromiso que se atribuye a Jokowi en la defensa de los valores islámicos y acusándolo de realizar acciones contrarias a ciertas organizaciones musulmanas, además de lanzar una advertencia sobre una supuesta tendencia del presidente a adoptar una actitud cada vez más autoritaria que podría debilitar el sistema democrático indonesio. Al comienzo de la campaña electoral, el candidato opositor recibió el respaldo del también general Gatot Nurmantyo, comandante supremo del ejército indonesio hasta diciembre de 2017, quien había cuestionado varias políticas del presidente Widodo, lo cual denota la existencia de cierta incomodidad hacia éste entre la jerarquía castrense del país, sector poseedor de distintos privilegios desde la era Suharto. Asimismo, Prabowo recibió el apoyo abierto de grupos como el Frente de Defensores del Islam (FDI, por sus siglas en español), que se ha mostrado muy activo en la escena política indonesia en los últimos dos años tras haber sido una de las organizaciones más involucradas en la campaña de movilización contra Basuki Tjahaja Purnama en 2017. En aquella ocasión, el FDI exigió públicamente el encarcelamiento del ex alcalde de Yakarta -aliado político cercano de Jokowi-, acusándolo de haber cometido “blasfemia” contra el Islam, y se destacó por ser uno de los grupos más vociferantes durante el juicio que se realizó en su contra (BBC Monitoring, 2017). A su vez, el FDI se ha distinguido por ser una de las organizaciones más críticas del gobierno de Widodo por la polémica existente en torno a Rizieq Shihab, líder de dicha agrupación, exiliado en Arabia Saudita desde 2017 tras haber sido acusado de distribuir material pornográfico entre algunas de sus correligionarias, aun cuando el gobierno ha señalado que dicho personaje puede volver al país en cuanto lo desee. Para los militantes del FDI, dicha acusación sólo es un ataque más de la administración contra las organizaciones islámicas del país, por lo cual han procurado aliarse a los opositores de Jokowi en su afán de promover la llegada al poder de un líder que muestre mayor compromiso con el Islam (The Jakarta Post, 2019).

Al final de la contienda, Jokowi obtuvo 55% de las preferencias del electorado, mientras que el general Prabowo alcanzó 44% en una disputa más reñida de lo que los observadores habían pronosticado en función de la amplia popularidad de Widodo. Tras conocerse los resultados de la elección, el equipo de campaña de Prabowo declaró públicamente “tener pruebas” de haber ganado la elección y después descalificó el proceso, señalando que poseía indicios de la realización de un “fraude electoral masivo, estructurado y sistemático” en distintas partes del país y, rehusándose a reconocer el resultado hasta que las autoridades electorales averiguasen todas las anomalías mencionadas, como compra de votos y utilización de las instituciones del Estado en favor de la fórmula Widodo-Maruf. En ese contexto de incertidumbre, el 22 de mayo hubo una serie de incidentes postelectorales en Yakarta, donde la violencia se hizo presente al grado de provocar la muerte de ocho personas luego de producirse enfrentamientos entre simpatizantes de ambas fórmulas tras la ratificación oficial del triunfo de Jokowi por parte de la máxima autoridad electoral de Indonesia. A pesar de dicha ratificación, el equipo de Prabowo aún no reconoció el triunfo de Widodo e interpuso una denuncia formal contra el tribunal electoral superior del país, prolongando así la controversia en torno al proceso electoral. Finalmente, la victoria de Jokowi fue ratificada a fines de junio pasado, luego de que las autoridades descartaron las pruebas presentadas por el equipo de Prabowo indicando que eran insuficientes para demostrar la realización de un fraude masivo orquestado desde la presidencia (The Jakarta Post, 2019b; Tempo, 2019; Afra, 2019).

Tras la ratificación de su triunfo, el presidente Widodo hizo un llamado a la unidad nacional, mientras instruyó a Luhut Binsar Pandjaitan, uno de sus colaboradores más cercanos, de buscar un acercamiento con el general Prabowo que se concretó a mediados de julio pasado. Para Jokowi, el encuentro con su contendiente resultaba crucial no sólo para asegurar el reconocimiento formal a su victoria electoral, sino también para negociar un acuerdo con la principal fuerza de la oposición orientado a evitar cualquier bloqueo del poder Legislativo a sus iniciativas de gobierno. En un Parlamento dominado por la coalición de Jokowi pero no por mayoría absoluta, el presidente requería garantizar que la oposición no boicotee su programa de gobierno (Afra y Fitri, 2019). Como resultado de tal acercamiento, a comienzos de octubre pasado Widodo anunció la integración del general Prabowo a su nuevo gabinete como ministro de Defensa, un logro significativo para este último tomando en cuenta la gran relevancia del cargo. Para Jokowi, tal nombramiento -así como la designación de Edhy Prabowo, un colaborador cercano del general Prabowo, al gabinete, como nuevo encargado de Asuntos Marítimos y Pesca, en sustitución de la popular ministra Susi Pudjiastuti- representa un movimiento estratégico dirigido a ganar el respaldo de Gerindra y de la plana mayor del ejército a su nuevo gobierno, algo fundamental considerando la potencial obstrucción que la oposición podría ejercer contra sus iniciativas. Así, el llamado a la unidad nacional ha arrojado sus primeros frutos, aunque está por verse si Prabowo colaborará de buena gana con su nuevo jefe.

Nawa Cita 2.0

De acuerdo con el propio Widodo, la prioridad de su segundo periodo presidencial será dar continuidad a su programa reformista,1 si bien ha señalado que su gobierno ahora pondrá énfasis en el desarrollo de “capital humano” por medio de una reforma educativa que promueva la capacitación de la población joven del país para aprovechar el “boom demográfico” que Indonesia posee en la actualidad; ello sin descuidar la inversión gubernamental en los proyectos de infraestructura iniciados durante su primera gestión ni reducir el compromiso de su gobierno con el combate a la corrupción, el narcotráfico y el terrorismo. Jokowi considera fundamental que Indonesia se prepare para las nuevas condiciones de la economía globalizada y digitalizada al promover la formación de especialistas que permitan desarrollar nuevas capacidades técnicas y productivas para la nación. Además de consolidar su programa reformista, Jokowi ha señalado que una de las tareas principales de su nueva administración será fortalecer el apego de la población indonesia al principio de respeto a la diversidad religiosa, étnica y política de Indonesia contenido en Pancasila, con la intención de combatir las expresiones de intolerancia surgidas recientemente en el país y cuya proliferación podría poner en riesgo no sólo la convivencia entre los integrantes de la sociedad indonesia sino incluso la integridad territorial del país (The Jakarta Post, 2019c).

En materia de política exterior, Jokowi ha manifestado que la prioridad de su gobierno seguirá siendo el ejercicio de una “diplomacia económica” que promueva al país como un sitio ideal para la captación de inversiones extranjeras y la defensa de los intereses comerciales de la nación en el exterior, además de fortalecer la participación de Indonesia en distintos foros internacionales situados más allá de sus inmediaciones geográficas. Esto significa que Yakarta no se conformará únicamente con ser un líder en el sureste de Asia, sino que buscará ejercer influencia sobre un plano de mayor extensión. Para apuntalar dicha intención, desde enero pasado Indonesia ocupa un puesto como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, tribuna desde la cual Yakarta pretende promover causas como la situación del pueblo palestino -un tema de gran interés para Jokowi-, la solución de la crisis de los migrantes rohingya en el sureste asiático, así como las disputas existentes en torno al Mar de la China Meridional, asunto que recientemente ha generado tensión entre China y algunos países del sureste de Asia como Vietnam -éste apoyado en tal controversia por Estados Unidos- e Indonesia (Yasmin, 2019; Ministerio de Asuntos Exteriores, 2019).

De esta forma, Joko Widodo comienza un segundo periodo presidencial con buenos augurios, proponiéndose profundizar su programa de reformas iniciado hace cinco años desde una posición adecuada al contar con el respaldo de un sector mayoritario de la población, el voto de confianza de la principal fuerza de oposición y la experiencia acumulada desde 2014. Sin embargo, su administración deberá enfrentar distintos desafíos como la persistencia de la corrupción, el resurgimiento de los anhelos separatistas en Irian Jaya -como llaman los indonesios a Nueva Guinea occidental-, el incremento de las expresiones de intolerancia en varias partes del país, así como la incertidumbre económica derivada no sólo de la actual rivalidad comercial entre las dos mayores economías del planeta, sino también de las deficiencias propias de la economía indonesia, como explicaremos en los apartados siguientes.

La corrupción como agenda pendiente para Jokowi

Desde el comienzo de su administración en 2014, Widodo se propuso combatir la corrupción en Indonesia tras considerarla uno de los principales flagelos que impiden el desarrollo del país. No obstante, la lucha contra la corrupción emprendida por su gobierno es considerada una tarea pendiente, pues existe la percepción pública de que la Comisión para la Erradicación de la Corrupción (KPK, por sus siglas en indonesio) suele concentrar sus esfuerzos en la captura de funcionarios menores, sin afectar a los grandes beneficiarios de la misma. Éstos suelen mantenerse en la impunidad gracias al despliegue de sus contactos de alto nivel y el amparo de una cultura en la que muchas personas aún consideran la entrega de favores y sobornos algo cotidiano. Incluso hay colaboradores cercanos al propio Jokowi que han evadido con facilidad las acusaciones de corrupción en su contra, como ocurrió hace tres años, cuando se inculpó al ministro Luhut Pandjaitan de estar involucrado en la trama de evasión fiscal conocida como los “Panama Papers”: Significativamente, tales acusaciones no sólo fueron infructuosas sino que el propio Luhut sigue formando parte del círculo de confianza del presidente (The Jakarta Post, 2016). En ese contexto, es innegable que la gestión de Jokowi ha logrado avances en la lucha contra la corrupción conforme la KPK ha logrado destituir y procesar a personajes importantes de la talla de ex directores de importantes empresas estatales -como la petrolera Pertamina o la aerolínea nacional Garuda Indonesia- o de gobernadores, pero aún existe una fuerte resistencia a dotar de mayores atributos legales a los funcionarios e investigadores adscritos a dicho organismo. En un caso por demás revelador, la justicia indonesia todavía no resuelve las causas del ataque perpetrado en abril de 2017 en contra de Novel Baswedan, un investigador adscrito a la KPK a quien arrojaron ácido en el rostro en aparente represalia por las pesquisas que estaba realizando en un caso sobre malversación de fondos. A la fecha, la policía nacional sigue sin revelar quiénes efectuaron el ataque y el propio Novel Baswedan ha manifestado tener pocas esperanzas de que algún día se descubra a los responsables.

Al comienzo de su segundo mandato, Jokowi ordenó la creación de un nuevo equipo de investigación con la asignación de resolver este caso en un plazo no mayor a tres meses, por lo que los resultados podrían dejar en claro si su gobierno realmente está comprometido con la lucha contra la corrupción o tal cruzada es sólo un recurso propagandístico de alcances menores. En un momento en el que Widodo ya no debería preocuparse por intenciones de voto, para poder concentrarse únicamente en ofrecer resultados visibles a la población, el compromiso que manifieste en los hechos en el combate a la corrupción muy probablemente podría convertirse en uno de los principales criterios para evaluar el legado de su administración como presidente de Indonesia (The Jakarta Post, 2019d; The Jakarta Post, 2019e; Suparman, 2019; Suparman, 2019b; Fahfi, 2019).

Irian Jaya otra vez

Irian Jaya es la provincia más remota y atrasada de Indonesia; la población nativa posee, además, un origen étnico distinto al del resto de la población indonesia, por lo cual los oriundos de Nueva Guinea occidental suelen recibir un trato discriminatorio y hasta peyorativo de parte de sus conciudadanos. Desde 1965, Irian Jaya ha sido escenario de una guerra de baja intensidad entre el ejército indonesio y el movimiento separatista conocido como Organisasi Papua Merdeka (Organización para la Independencia de Papúa u OPM, por sus siglas en indonesio), cuya meta es obtener la independencia para Nueva Guinea occidental, si bien su organización militar es tan precaria que nunca ha conseguido ser una fuerza beligerante capaz de enfrentarse frontalmente al ejército de Indonesia. Con buena parte de sus líderes y fundadores muertos o en el exilio, la OPM apenas ha conseguido sobrevivir durante la mayor parte de su existencia, refugiada al amparo de las selvas de Nueva Guinea occidental y sin representar ningún riesgo para la integridad territorial del país. Lamentablemente, el Estado indonesio mantiene una fuerte presencia militar en Irian Jaya, al tiempo que ha promovido la emigración de javaneses a la región y concedido licencias a empresas extranjeras para explotar los recursos locales. Ello ha dado motivo para que buena parte de la población nativa aún manifieste su inconformidad ante las autoridades de Indonesia. Para Jokowi, la búsqueda de una solución a la problemática de Irian Jaya ha constituido una de sus principales preocupaciones desde su llegada a la presidencia del país y por ello ha conferido un carácter prioritario a las distintas obras de infraestructura destinadas a dicha región promovidas por su gobierno, tras considerar que el desarrollo económico de Irian Jaya -tantas veces postergado o simplemente ignorado por sus predecesores- podría ser la clave para eliminar los anhelos separatistas de la población nativa y lograr su verdadera integración a la nación indonesia (Rosyid Jazuli, 2019).

Sin embargo, este año Irian Jaya volvió a dar la nota, luego de que en agosto pasado se presentaron disturbios en varias comunidades de Nueva Guinea occidental al conocerse que jóvenes originarios de aquella provincia fueron objeto de actos de escarnio público en la ciudad javanesa de Surabaya; ello provocó que paisanos suyos realizaran manifestaciones en varios puntos de Yakarta portando la bandera de la OPM, en un acto de desafío a la prohibición legal de llevar tal estandarte en público. Al difundirse las noticias sobre las protestas en la capital del país, una multitud salió también a manifestarse en las principales comunidades de Irian Jaya, para exigir la realización de un referéndum en el que se decida el destino de la hasta ahora provincia indonesia. Esto ocasionó enfrentamientos con las fuerzas policiacas, cuyo saldo incluso registró algunos fallecidos. Ante tal situación, el gobierno indonesio decretó un toque de queda en las principales ciudades de Irian Jaya, así como el bloqueo del acceso a internet para evitar la difusión de nuevas noticias que pudieran inflamar aún más los ánimos de la población local.

Al momento de escribir este texto, las fuerzas de seguridad indonesias desplegadas en Irian Jaya habían conseguido apaciguar los ánimos, pero el malestar sigue presente entre los papuanos. En forma por demás significativa, Jokowi decidió realizar la primera gira de su segundo periodo presidencial en Irian Jaya, aunque también ha trascendido que el ejército indonesio anunció recientemente que construirá dos nuevas bases militares en Nueva Guinea occidental. Así, mientras el presidente parece seguir dispuesto a promover una reconciliación con la población de Irian Jaya por medio del ofrecimiento de nuevas obras de infraestructura y más empleos, las fuerzas armadas se preparan para cualquier contingencia enviando más efectivos a la región; como colofón a esta situación, a fines de octubre pasado se anunció que el Consejo Australiano para el Desarrollo Internacional, una organización no gubernamental, otorgó un reconocimiento a la abogada y activista Veronika Koman por su esfuerzo en la difusión de las violaciones a los derechos humanos de la población originaria de Irian Jaya; esto irritó al gobierno indonesio a tal punto que podría optar por buscar una solución de fuerza al problema de Nueva Guinea occidental, tras recordar el apoyo brindado por Australia a la realización del referéndum en Timor oriental que condujo a la independencia de aquella nación respecto de Indonesia. Para el Estado indonesio, el resurgimiento de la cuestión separatista en Irian Jaya es un tema incómodo cuya resolución quizá ya no pueda seguir aplazando, sobre todo por tratarse de un asunto que el actual presidente ha atendido con especial atención desde el inicio de su gestión; está por verse si Jokowi podrá lograr que los papuanos se sientan verdaderamente parte de la nación indonesia abandonando sus anhelos independentistas (Tehusijaranaet al.,2019; The Jakarta Post, 2019f).

La sempiterna lucha contra el terrorismo

Para Indonesia, la cruzada global contra el terrorismo iniciada por la administración Bush en 2001 ha tenido un significado especial desde aquel bombazo en Bali, en 2002, que cercenó la vida de 204 personas. Desde entonces, el gobierno indonesio ha manifestado un gran compromiso con el combate a las organizaciones terroristas afincadas en el país, aun bajo el riesgo de ganarse la animadversión de aquellos sectores de la población indonesia que desaprueban la guerra contra el terrorismo considerando que dicha cruzada ha derivado en un enfrentamiento de Occidente contra el Islam, percepción aún compartida por miles de indonesios. Las autoridades indonesias, empero, ven indispensable combatir el terrorismo, tras señalar que la estabilidad del país requiere un claro compromiso frente a dicho problema, ya sea para mostrar al mundo una imagen que sea favorable a la captación de inversiones y turistas o para evitar que las organizaciones radicales puedan fortalecerse hasta constituir una amenaza a la seguridad nacional.

De esta forma, en 2010 el gobierno indonesio logró desmantelar a Jemaah Islamiyah, la agrupación responsable del magno atentado en Bali, gracias a la captura de decenas de militantes de dicha organización y la destrucción de su infraestructura. A pesar de ello, las autoridades indonesias han mantenido el estado de alerta antiterrorista ante el potencial surgimiento de más grupos similares en el país, especialmente tras la aparición del llamado “Estado Islámico” en Medio Oriente a comienzos de 2014. En aquel entonces se reportó que cerca de 500 indonesios viajaron a Irak para unirse al también llamado “Daesh”, mientras que agrupaciones locales como Jemaah Ansharut Tauhid y Eastern Indonesia Mujahideen manifestaron su disposición a apoyar al Estado Islámico en la lucha contra los enemigos del Islam.2 Para Indonesia, tales noticias no son asunto menor si consideramos que la aparición reciente de expresiones de intolerancia religiosa entre la comunidad musulmana local podría favorecer el reclutamiento de militantes para las agrupaciones radicales locales; además, la cercanía de Filipinas, país donde la organización Abbu Sayyaff se mantiene en pie de lucha contra las autoridades, podría favorecer la multiplicación de células terroristas en Indonesia, especialmente tras la ofensiva realizada en 2017 por el ejército filipino en la ciudad de Marawi, que dispersó a los militantes de dicha milicia, por lo que algunos de ellos podrían haber buscado refugio en islas indonesias cercanas al sur de Filipinas. En consecuencia, el gobierno de Jokowi anunció que mantendrá la colaboración con Filipinas a fin de impedir que simpatizantes de Abbu Sayyaff u otras organizaciones radicales presentes en el sureste de Asia puedan establecerse en Indonesia; además, las autoridades indonesias han aprobado leyes más severas para evitar que la población preste atención a los grupos radicales -que incluyen la posibilidad de revocar la ciudadanía a quienes abiertamente apoyen a milicias como el Daesh o sus variantes locales- y mantienen vigente el programa de “desradicalización” establecido para brindar tratamiento psicológico a los combatientes indonesios del Estado Islámico que regresaron al país tras la eliminación del Daesh; a la vez, han proscrito organizaciones sospechosas de promover la radicalización de la comunidad musulmana del país, como Hizbut Tahrir Indonesia. Asimismo, el ejército indonesio comunicó recientemente la creación de un “Comando de Operaciones Especiales” para apoyar a la policía nacional en la realización de acciones antiterroristas. Aunado a lo anterior, Widodo ha señalado que procurará concentrarse en la realización de acciones orientadas a prevenir que el radicalismo aumente su atractivo entre la población indonesia, apoyándose en la colaboración con Nahdlatul Ulama y Muhammadiyah, las mayores organizaciones islámicas civiles del país, para que éstas redoblen el llamado a la tolerancia entre sus seguidores. En este sentido, debemos recordar que Jokowi seleccionó al clérigo Maruf Amin, líder de Nahdlatul Ulama, para acompañarlo como vicepresidente en su segunda gestión al frente de Indonesia, en un movimiento claramente orientado a utilizar la capacidad de convocatoria de dicha organización para cerrar filas ante la proliferación de las voces de intolerancia registradas recientemente en el país. De esta forma, Widodo muestra disposición a utilizar todos los recursos a su alcance para fortalecer la capacidad del Estado indonesio en contra de las organizaciones terroristas que aún sobreviven en la escena nacional (The Jakarta Post, 2019g; Hiraswari Gayatri, 2019; Patria, 2019). En efecto, a comienzos de octubre pasado la opinión pública indonesia quedó consternada luego de que un militante de Jamaah Ansharut Daulah, otra organización islámica radical vinculada con el Estado Islámico, intentó apuñalar a plena luz del día al general Wiranto, ministro de Asuntos de Seguridad en el gabinete presidencial, durante una visita a Banten, provincia de Java occidental, en un ataque que ilustra la persistencia de células terroristas en el país. Ante tal situación, Jokowi declaró que su gobierno mantendrá una política de cero tolerancia ante el terrorismo, pues subestimar la capacidad de los grupos radicales podría ser fatal para el país en un momento en que el aumento de las expresiones de intolerancia religiosa podría convertirse en un factor de gran inestabilidad para Indonesia (Andriyanto, 2019; Pangestika, 2019; Arnaz, 2019).

Otras notas destacadas en 2019

En enero de 2019, Basuki Tjahaja Purnama, ex alcalde de Yakarta y aliado político del presidente Widodo, fue excarcelado tras cumplir una condena por el delito de blasfemia, cargo que se le impuso en mayo de 2017, cuando participaba en la contienda por la reelección al gobierno de la capital. El también llamado “Ahok” es un personaje peculiar de la escena política indonesia, pues obtuvo gran popularidad durante su desempeño como gobernador de la capital pese a ser un individuo de ascendencia china y fe cristiana, dos rasgos poco apreciados por la población indonesia, mayoritariamente musulmana. A comienzos de ese año, rivales políticos de Ahok lo acusaron de proferir insultos contra el Islam durante un discurso público, si bien su juicio fue altamente polémico luego de que hubo sospechas de haber sido indiciado por motivos políticos para retirarlo de una campaña que prometía terminar con su triunfo. Mientras, organizaciones como el Frente de Defensores del Islam realizaron manifestaciones públicas virulentas para intentar incidir en la condena de Basuki, quien finalmente fue condenado a purgar dos años en la cárcel. Significativamente, los seguidores de Ahok no dejaron de expresarle su respaldo durante el tiempo que estuvo en prisión; su liberación arroja ahora una interrogante, pues el ex alcalde de la capital ha anunciado que no desea volver a la política, pero, al momento de escribir este texto, se rumora que Jokowi está considerándolo para nombrarlo director de alguna empresa estatal. Sea cual sea la decisión de Ahok, lo cierto es que su libertad es un hecho que ilusiona a sus seguidores e irrita a sus detractores, por lo que su regreso a la vida política podría agitar nuevamente la escena política del país ya que otra vez daría motivos a los detractores de Jokowi para acusarlo de estar “vendiendo Indonesia a los chinos” (Lamb, 2019). Por otra parte, el gobierno de Widodo anunció en agosto pasado la decisión de mover la capital de Indonesia a la isla de Borneo, concretando así una idea propuesta durante su primer mandato. Para Jokowi es indispensable que Indonesia tenga una nueva capital debido a los problemas de congestionamiento que Yakarta padece y al riesgo de inundación que se cierne sobre la actual capital ante el incremento del nivel del mar, de modo que ya ha dado instrucciones en el sentido de realizar estudios de viabilidad orientados a determinar el sitio más adecuado para construir una nueva capital en Borneo, cuya edificación se proyecta iniciar en 2020 con un presupuesto multimillonario (Irfan Gorbiano, 2019). Por último, la opinión pública y la clase política del país se estremecieron el pasado mes de septiembre tras conocerse el fallecimiento de Jusuf Habibie, el tercer presidente de Indonesia, a quien se considera el responsable de evitar que la transición ocurrida tras la renuncia del general Suharto a la presidencia en 1998 degenerara en un caos. Como se recordará, en aquel año el gobierno de Suharto colapsó ante la presión de las movilizaciones estudiantiles y ciudadanas surgidas en protesta por los efectos de la crisis financiera de 1997, justo cuando al interior del ejército indonesio había voces que abogaban por utilizar la fuerza para mantener el control sobre el país y éste enfrentaba los ánimos separatistas en Timor oriental, que condujeron finalmente a la secesión de aquella provincia. En ese escenario tan turbulento, Habibie supo conducirse como un estadista capaz de impulsar la transición de Indonesia hacia el régimen democrático existente desde entonces, al tiempo que impidió que los ánimos caldeados del momento derivaran en una situación de anarquía generalizada, cediendo el poder pacíficamente a su sucesor, el presidente Abdurrahman Wahid. Con la desaparición del propio Suharto, Wahid y ahora Habibie, se concreta un relevo generacional en la élite política indonesia: así, los líderes formados durante la era Suharto abandonan los primeros planos y el partido gobernante -el Partido Democrático Indonesio de Lucha, encabezado por la ex presidenta Megawatti Soekarnoputri- se apresta a consolidar su hegemonía sobre la escena política nacional, con líderes jóvenes y dinámicos como Jokowi o el propio Ahok. Dicha perspectiva no es del agrado de los sectores conservadores allegados a la élite indonesia, que incluyen a la alta jerarquía castrense, habituada a ejercer una fuerte influencia sobre la política nacional desde la era Suharto. Mientras tanto, el presidente Widodo comenzó su segunda gestión en octubre pasado con un entusiasmo renovado y dispuesto a dejar su propia huella en la historia de Indonesia al proponer un nuevo tipo de liderazgo para la nación y promover un proyecto modernizador de amplio alcance, apoyándose en su amplia popularidad aun cuando haya sectores importantes de la sociedad indonesia renuentes a aceptar los cambios introducidos por el ex alcalde de Surakarta. Está por verse si Jokowi consigue vencer la resistencia de los sectores conservadores para sumarlos a la construcción de una Indonesia más equitativa y solidaria con los intereses de cada una de sus partes o si la oposición consigue detener tales intenciones (Tehusijarana, 2019b).

Economía

En materia económica, Indonesia ha registrado un crecimiento sostenido durante la primera gestión presidencial de Jokowi, gracias en gran medida al gasto ejercido por su gobierno en la construcción de obras de infraestructura en distintas partes del país, política dinámica que ha resultado favorable para la creación de empleos y la expansión de la demanda interna. Asimismo, el país se ha beneficiado de la captación constante de inversión extranjera-aunque no tanto como Vietnam o Malasia-, debido a la labor de promoción realizada por la administración encabezada por Jokowi, por lo que también la población se ha beneficiado con la consecuente generación de empleos y el mantenimiento de una baja inflación que favorece el consumo. Sin embargo, al mismo tiempo Indonesia se ha visto afectada por la disputa comercial entre los Estados Unidos y China, dos de sus principales mercados de exportación. Algunos analistas ya pronostican que el país podría estar a punto de enfrentar momentos difíciles conforme se va enrareciendo el escenario económico mundial e Indonesia sigue dependiendo mayormente de los ingresos generados por la venta de bienes primarios de demanda no siempre constante, como lo ilustra la actual controversia entre la Unión Europea y productores indonesios de aceite de palma. Además, el gobierno de Indonesia debe hacer frente a gastos significativos -como el subsidio a los combustibles o el financiamiento de los costos de operación de las distintas empresas paraestatales existentes en el país-, cuya reducción implica tomar decisiones difíciles y políticamente costosas. Por lo que está por verse si Jokowi se atreverá a resolver este tema ahora que tiene asegurado un segundo mandato presidencial y puede darse la oportunidad de tomar ciertas determinaciones sin preocuparse por las preferencias del electorado indonesio.

El impulso a la infraestructura ya rinde dividendos

Desde el comienzo de su gestión presidencial en 2014, el gobierno de Jokowi Widodo se ha caracterizado por impulsar la construcción de numerosas obras de infraestructura en varias partes del país, en un intento por mejorar la conectividad interna y externa de Indonesia. En 2019, el gasto ejercido en dicho rubro ya se ve reflejado en distintas obras que benefician a la población y fortalecen la economía nacional. El aeropuerto internacional de Yakarta ha sido ampliado con la inauguración de una nueva terminal; Yogyakarta -ciudad javanesa de gran atractivo turístico por estar ubicada cerca de los sitios arqueológicos de Borobudur y Prambanan- ya cuenta con un nuevo puerto aéreo y se han construido nuevas carreteras y ampliado las ya existentes, tanto en Java como en las demás islas que integran el país, destacando especialmente las obras construidas en sitios remotos como Nueva Guinea occidental. Desde el pasado mes de marzo, Yakarta cuenta con un sistema de tren urbano, el primero de su tipo en toda Indonesia, que ha facilitado el traslado de los residentes de la capital mientras siguen en marcha las obras para extender la cobertura del “metro” capitalino; además, ya se formalizaron varios proyectos más que serán desarrollados durante los años siguientes, por ejemplo, los relacionados con la construcción de redes ferroviarias de alta velocidad entre algunas de las ciudades principales del país, como el ramal que pronto unirá Yakarta con Bandung, así como la construcción de centrales de energía y el enorme gasto proyectado para dotar a Indonesia de una nueva ciudad capital que será construida en la isla de Borneo a partir de 2020. Al respecto, Jokowi ha señalado que la construcción de obras de infraestructura seguirá siendo una prioridad para su gobierno, pues es fundamental reducir los tiempos y costos de traslado tanto de personas como de productos en el país, si bien ha advertido que ahora también se impulsará el desarrollo de recursos humanos especializados por medio del incremento de la inversión en educación para que Indonesia pueda competir a mediano plazo en las nuevas tecnologías digitales. Asimismo, el gobierno de Jokowi ha expresado su interés en aprovechar las obras de infraestructura ya construidas para involucrar a las comunidades que hasta ahora habían estado apartadas del desarrollo nacional como proveedoras de alimentos y otros productos locales en un afán por fortalecer el mercado nacional. De esta forma, la administración encabezada por el ex alcalde de Yakarta rinde cuentas positivas en el cumplimiento del compromiso establecido en 2014 de impulsar el desarrollo integral del país, al distribuir el presupuesto en proyectos que ya no sólo se concentran en Java sino que son canalizados también a las demás regiones de Indonesia, rompiendo así el tradicional esquema de desarrollo observado en aquella nación del sureste de Asia. Gracias al nuevo presupuesto asignado a la inversión en proyectos de infraestructura, se espera que el gasto público destinado a dicho rubro continúe siendo el motor para la generación de empleos y la expansión del consumo en el mercado nacional durante el segundo periodo del presidente Widodo (McCawley, 2019; Zulfikar Rakhmat, 2019).

Las prioridades económicas en el segundo periodo de Jokowi

Al iniciar su segundo periodo al frente de Indonesia, el presidente Widodo ha señalado que confía en que Sri Mulyani Indrawati, su prestigiada ministra de Finanzas, quien repite como responsable de dicha cartera, será capaz de preservar la estabilidad macroeconómica del país controlando la inflación en menos de 4% anual para proteger el poder adquisitivo de la población y fomentar el crecimiento del mercado interno en un escenario en que las autoridades consideran que el gasto presupuestal destinado a impulsar la infraestructura y el consumo sostenido de la población seguirán siendo el principal motor de la economía nacional, luego de que las disputas comerciales imperantes en el mercado internacional pudieran impactar el desempeño de las exportaciones indonesias. Para conseguir tal propósito se requiere que el gobierno mantenga una disciplina fiscal que le permita realizar un ejercicio presupuestal prudente dentro de los límites de los ingresos estatales, por lo que es necesario fortalecer la capacidad recaudatoria del aparato fiscal, moderar el peso de la deuda externa sobre los compromisos estatales y revisar aquellos gastos que resulten innecesarios a los objetivos planteados por el equipo económico de Jokowi. De lograrse este propósito, el gobierno de Jokowi confía en mantener una tasa de crecimiento anual mayor a 5.3%, superior al 5% esperado para el continente asiático en su conjunto y al pronóstico más optimista de 3% para la economía global; con ello la economía de Indonesia se mantendría protegida frente a las incertidumbres de la actual economía global (The Jakarta PostEditorial Board, 2019). Asimismo, el gobierno indonesio pretende concretar nuevos proyectos de inversión y alianzas estratégicas para fortalecer el sector energético nacional, lo cual aliviaría significativamente las finanzas estatales dada la condición de Indonesia de país importador de petróleo desde 2005. Por esta razón resulta fundamental que la labor de “diplomacia económica” empiece a rendir dividendos, aunque las autoridades también deben contribuir a mejorar el panorama para la inversión foránea reduciendo los requerimientos burocráticos existentes en el país, pues muchos empresarios extranjeros perciben mejores oportunidades en países como Vietnam, Malasia e incluso Camboya. Ante ello, Jokowi ha dado instrucciones a sus principales colaboradores para que identifiquen aquellos trámites que deban ser simplificados de modo de mejorar la percepción de los inversionistas. Por otro lado, Widodo nombró a la reconocida economista Destri Damayanti para conducir el Banco Central de Indonesia con la intención de aplicar una política monetaria capaz de mantener la solidez de la rupia indonesia frente a otras monedas nacionales, así como de aplicar tasas reducidas para favorecer la expansión del consumo interno, con objeto de fortalecer el mercado nacional ante la incertidumbre del actual escenario global. Queda por verse si en su segundo periodo al frente del país Jokowi consigue vencer la resistencia a su reforma fiscal, pues también resulta fundamental fortalecer las arcas estatales para mejorar el margen de maniobra económico del gobierno indonesio frente al turbulento escenario de la economía mundial, en el que las principales potencias ya se asoman al riesgo de una recesión cuya materialización podría tener consecuencias catastróficas para un país tan vinculado a los vaivenes del exterior como lo es Indonesia. Hasta el momento, la amnistía fiscal promovida por el gobierno desde el primer periodo de Widodo aún no ha dado los resultados esperados; muchos indonesios con recursos suelen evadir el pago de sus obligaciones fiscales al depositar parte de sus haberes en el extranjero -principalmente en Singapur- o simplemente ignorar las requisiciones de las autoridades recaudatorias. Por lo pronto, el acuerdo postelectoral entre Jokowi y el general Prabowo -así como la integración del segundo al gabinete presidencial- en favor de la unidad nacional ya generó una mayor confianza en la economía indonesia, como lo han reflejado los principales indicadores económicos del país, lo cual abona al cumplimiento de las metas establecidas por el gobierno. Otra tarea pendiente para el gobierno de Jokowi en su segunda gestión será mejorar la balanza comercial del país, pues ahora Indonesia acusa un déficit comercial que resulta fundamental resolver para evitar que el incremento de las importaciones siga siendo causa de la transferencia masiva de recursos económicos al exterior, especialmente en el actual escenario internacional en que el mundo se enfrenta a una probable recesión generalizada, lo que podría afectar aún más el desempeño de las exportaciones indonesias (Aisyah, 2019; The Jakarta PostEditorial Board, 2019b; Irfan Gorbiano y Fachriansyah, 2019; Irfan Gorbiano, 2019; Iswara y Ghaliya, 2019).

Los dividendos de la “diplomacia económica” ante la amenaza de la recesión global

Gracias al activismo del presidente Widodo y su cuerpo diplomático en la promoción de las oportunidades que Indonesia ofrece a la inversión extranjera, aquella nación insular ha atraído inversiones significativas desde el primer periodo de Jokowi al frente del país; recientemente, el gobierno indonesio anunció que empresas como la japonesa Sharp y la sudcoreana LG invertirán en la construcción de nuevas plantas en el país en apoyo a sus planes de consolidación en el sureste de Asia, en tanto empresas alemanas, como Volkswagen y Audi, interesadas en producir automóviles eléctricos en Indonesia, también invertirán en el archipiélago. Asimismo, el gobierno indonesio logró incrementar el monto de la inversión procedente de países de Medio Oriente como Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, casi nulo al comienzo de su gestión. No obstante, en la captación de inversiones foráneas Indonesia está siendo superada por países como Vietnam, Malasia y hasta Camboya, pues Yakarta no ha logrado convencer a los inversionistas extranjeros de relocalizar parte de sus procesos productivos en el archipiélago ahora que se ha registrado la salida de empresas extranjeras de China como parte de la guerra comercial con los Estados Unidos. Para tales empresas resulta más atractivo invertir en países más cercanos a la propia China, en tanto las trabas burocráticas y la misma corrupción imperantes en Indonesia reducen su atractivo para los inversionistas extranjeros a pesar de los esfuerzos realizados por mejorar la conectividad del país mediante la expansión de la infraestructura en el archipiélago. Por ello, el gobierno del presidente Widodo deberá poner más empeño en la facilitación de los trámites y el combate a la corrupción, a fin de mejorar la percepción de los inversionistas, además de mejorar la capacitación del cuerpo diplomático indonesio para que sea capaz de cumplir adecuadamente la tarea de convencer a gobiernos y empresas extranjeros de invertir en Indonesia (The Jakarta Post, 2019h; Nathalia, 2019; Irfan Gorbiano y Riska, 2019).

Cuentas pendientes en la administración de las empresas estatales

Desde su llegada a la presidencia en 2014, Widodo ha procurado incrementar la participación de las empresas estatales en la economía indonesia, en contraste con la orientación favorable a la iniciativa privada que caracterizó al gobierno de Susilo Bambang Yudhoyono, el anterior presidente. Sin embargo, el desempeño de las empresas estatales no ha sido del todo satisfactorio, pues si bien algunas de ellas operan con finanzas sanas y además generan ingresos para el gobierno, otras siguen siendo afectadas por la mala administración, constituyendo una causa de constantes pérdidas económicas para el Estado, desde Pertamina hasta Garuda Indonesia y Krakatau Steel. En el primer caso, hay empresas estatales que recibieron un fuerte estímulo al confiárseles la realización de distintos proyectos de infraestructura -como la empresa operadora de autopistas de cuota, la compañía operadora de los aeropuertos nacionales y empresas constructoras- hasta lograr incrementar sus activos durante la primera gestión de Jokowi. En el segundo escenario, 2019 registró varios escándalos de corrupción que denotan la persistencia de la mala administración al interior de ciertas empresas estatales: en junio se informó sobre el enjuiciamiento y condena de Karen Agustiawan, quien entre 2009 y 2014 fue directora de Pertamina, la empresa petrolera estatal, tras haber sido acusada de provocar pérdidas multimillonarias a la compañía. Agustiawan autorizó la participación de Pertamina en una operación de extracción de crudo considerada de alto riesgo por no haberse hecho un estudio adecuado de factibilidad económica. En el caso de Pertamina, empresa que debería ser estratégica para el Estado indonesio por proveer ingresos y actuar como motor para el resto de la economía nacional, la situación se agrava, pues ya no es capaz de producir lo necesario para abastecer la demanda interna del país y sus operaciones han enfrentado distintas irregularidades en los últimos años. Desde mayo de 2018 Pertamina se ve obligada a vender gasolina y keroseno por debajo de los precios del mercado porque el gobierno de Jokowi decretó el mantenimiento de los subsidios a los combustibles; debido a esto, si bien las finanzas de Pertamina han registrado ganancias, el peso de tal decisión sigue recayendo sobre las finanzas totales del Estado. Además, el gobierno de Widodo concedió distintos contratos de exploración y explotación de pozos off-shore a empresas extranjeras en un intento por aprovechar los yacimientos existentes, aunque reconociendo implícitamente que Pertamina no posee el capital ni la experiencia necesarios para confiarle la operación de tales recursos, la mayoría de ellos situados en mar abierto y cuya explotación es de alto riesgo. Asimismo, en julio se reportó un derrame de petróleo procedente de un pozo de Pertamina cerca de las costas de Java occidental; por esa razón la empresa no sólo deberá pagar los daños a las poblaciones afectadas sino que además tuvo que contratar a una empresa subsidiaria de Halliburton para encargarse de cerrar el pozo causante del derrame, lo que llevó a que las finanzas de la empresa petrolera estatal se vieran comprometidas. Por otra parte, a comienzos de agosto Yakarta, Bandung y varias comunidades de Java occidental sufrieron un apagón de más de 10 horas que paralizó dichas localidades, al tiempo que exhibió las deficiencias en la operación de PLN, la empresa estatal que mantiene el monopolio sobre la producción y distribución de energía eléctrica en el país, y generó fuertes molestias entre los consumidores y el propio presidente Jokowi. Tratándose de un país situado cerca del ecuador, hay quienes han señalado que el gobierno de Indonesia debería impulsar la transición hacia el consumo de energía solar; sin embargo, tal posibilidad aún luce irrealizable por el alto costo que implicaría instalar paneles solares en todo el país. Si bien el apagón fue extraordinario y no se preveen afectaciones de seriedad a la red de suministro de electricidad, hubo quien aprovechó el incidente para señalar que PLN suele incurrir en costos de producción elevados y bastante contaminantes, pues varias de sus plantas generadoras aún operan con carbón, a lo que se suma que también pesan sospechas de corrupción sobre la actual administración de la empresa. Por ese motivo Jokowi ha dado instrucciones directas para mejorar la capacidad de operación de dicha compañía. Por su parte, en 2019, Garuda Indonesia, aerolínea nacional indonesia de propiedad estatal, perdió el lugar que ocupaba entre las 10 mejores aerolíneas del mundo, mientras se informó del encarcelamiento de Emirsyah Satar, ex director de la aerolínea, a la que condujo entre 2005 y 2015, por haber recibido un soborno multimillonario y haber participado en operaciones de lavado de dinero. A su vez, trascendió que Krakatau Steel, empresa siderúrgica estatal, opera con pérdidas financieras, mantiene una deuda de gran cuantía y acusa un fuerte rezago tecnológico; además, cada vez luce más impotente ante la competencia china, en tanto gran parte del acero distribuido en Indonesia llega por medio de contrabando, por lo cual el gobierno del presidente Widodo manifestó su intención de impulsar un programa de rescate para dicha empresa. Por último, se ha informado que Pos Indonesia, la empresa postal estatal, también enfrenta una situación económica complicada, debiendo solicitar un préstamo comercial para hacer frente a sus costos de operación; por ello el gobierno de Widodo está discutiendo cómo mejorar la operación de tal compañía. En este contexto de malos manejos y corrupción se ha especulado si el gobierno indonesio debe mantener tantas empresas bajo su cargo, pues la ineficacia económica de varias de ellas las convierte más en una carga que en un activo redituable para el Estado indonesio. Esto hace necesario que se propicie una reflexión a conciencia en las autoridades nacionales sobre la necesidad o no de mantenerlas dentro de las responsabilidades presupuestales del gobierno, considerando las actuales necesidades y la persistencia de la corrupción como un lastre que sí obstaculiza el desarrollo económico de Indonesia (Taufiqurrahman, 2019; Sulaiman, 2019 y 2019b; The Jakarta PostEditorial Board, 2019c; The Jakarta Post, 2019i y 2019j; Mufti, 2019).

Persiste la dependencia con respecto al sector primario

Mientras los productores indonesios de aceite de palma -producto que constituye una de las principales exportaciones de Indonesia en la actualidad- enfrentan la caída de sus ventas en el exterior debido a la competencia malasia y las sanciones establecidas por la Unión Europea en contra de dicho producto, bajo el argumento de que su producción implica una gran devastación ambiental en las selvas de Borneo y Sumatra, el gobierno del presidente Widodo ha señalado que invertirá gran parte del presupuesto estatal en el sector educativo durante su segundo periodo, en un intento por impulsar la formación de recursos humanos altamente capacitados, pues considera que Indonesia debe hacer todo lo necesario para dejar atrás la “maldición” de ser tan sólo un productor de recursos naturales e incorporarse plenamente al uso de nuevas tecnologías al ser una de las mayores economías del mundo. En este sentido, cabe destacar que en los años recientes se ha acentuado la dependencia de Indonesia de los ingresos derivados de la exportación de recursos naturales, lo cual coloca al país en una situación de vulnerabilidad económica, especialmente si consideramos que además ha perdido su capacidad de exportación de petróleo y no ejerce ninguna influencia significativa sobre la determinación de los precios de los commodities. En la actualidad, Indonesia debe importar petróleo para cubrir la demanda nacional y Pertamina ya no realiza ventas significativas al exterior, lo cual ha mermado la capacidad recaudatoria del Estado indonesio. En enero de 2016 el gobierno indonesio logró la readmisión del país en la OPEP, en una acción orientada a negociar el acceso a precios preferenciales para el petróleo que debe importar; sin embargo, su reincorporación a dicha organización no duró ni un año, pues en diciembre decidió suspender su membresía tras negarse a reducir su producción petrolera; esto es un indicio claro de la disyuntiva que el país enfrenta en materia petrolera al ser un importador neto de dicho energético. Pese a ello, Jokowi ha logrado avances en la protección de los intereses económicos del país, destacando la recuperación del control sobre las aguas territoriales de Indonesia tras combatir eficazmente la pesca ilegal y el logro de mejores oportunidades recaudatorias para el Estado en el caso de la empresa Freeport. En agosto de 2017 se anunció que la empresa minera Freeport Indonesia, una de las mayores productoras de cobre en el mundo y filial de la transnacional Freeport McMoran, aceptaba la renegociación de su licencia de operación en los términos propuestos por el gobierno indonesio a cambio de extender sus actividades en el archipiélago hasta 2041, lo cual fue percibido como un triunfo del gobierno de Jokowi. No obstante, es muy difícil que Indonesia sea capaz, al menos en el corto plazo, de eliminar su dependencia de los ingresos obtenidos de la exportación de materias primas; incluso, los indicadores señalan que tal condición se ha acentuado en los últimos años conforme el país perdió parte de su base industrial debido a la competencia de las manufacturas importadas desde China (Aisyah, 2019b; Aysiah e Irfan Gorbiano, 2019).

Indonesia ante el proyecto chino de la “Nueva Ruta de la Seda”

En 2013, el gobierno chino anunció la iniciativa conocida como “Una franja, una ruta”, con la cual pretende impulsar la creación de una red de intercambio comercial que vincule a China con los principales mercados de Asia, Europa y África. Para materializar tal propósito, las autoridades chinas crearon en 2016 el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura, a fin de proporcionar los fondos de capital necesarios para financiar la construcción de obras de enlace terrestre y marítimo que mejoren la conectividad entre China y sus socios comerciales en los tres continentes indicados. China considera fundamental asegurar el suministro de los energéticos y las materias primas requeridos por su industria al tiempo que diversifica el destino de sus productos manufacturados en los mercados extranjeros. En este escenario, Beijing concretó acuerdos con distintos gobiernos nacionales orientados a construir vías ferroviarias y autopistas, y a ampliar la capacidad de puertos de embarque que cubran las vías de enlace marítimo empleadas por los navíos chinos en el océano Índico y hasta en el mar Mediterráneo, como ocurre con el puerto griego de El Pireo, cuya administración fue concedida a una empresa china en 2016. No obstante, algunas de las acciones impulsadas por China en el marco de la también llamada “Nueva Ruta de la Seda” también han despertado sospechas en varios puntos del globo, especialmente en los Estados Unidos, pues se estima que tal proyecto encubre intenciones hegemónicas por parte de China, lo cual fue desmentido en varias ocasiones por el gobierno de Xi Jinping. Al respecto, Indonesia se ha mantenido cautelosa con respecto a la iniciativa impulsada por China, pues apenas en octubre de 2018 el gobierno de Jokowi manifestó formalmente su intención de apoyarse en ella para atraer inversiones chinas al país. Gracias a ello se concretó la conclusión de un convenio largamente negociado con empresas chinas para construir el tren de alta velocidad que pronto unirá a Yakarta con Bandung. Significativamente, el gobierno de Widodo ha actuado con bastante cautela al respecto, pues es consciente de las críticas que podría acarrearle sumarse de manera entusiasta a la Nueva Ruta de la Seda. Semejante actitud seguramente generaría acusaciones en su contra por “estar vendiendo Indonesia a los chinos” y habría podido ser explotada por sus rivales en este año de elecciones presidenciales en el país. Además, la paciencia mostrada por Jokowi frente a la iniciativa china ha permitido a las autoridades indonesias observar la respuesta de otros gobiernos a la misma, lo cual será de gran utilidad al momento de decidir si Indonesia debe sumarse a la Nueva Ruta de la Seda. Por ejemplo, ahora se sabe que el gobierno de Sri Lanka prácticamente hipotecó el puerto de Hambantota a los chinos, tras declararse incapaz de hacer frente a los pagos de los préstamos concedidos por China, mientras también han trascendido las críticas de Mahathir Mohammad al proyecto ferroviario impulsado por su predecesor, que pretende unir China con Malasia y cuyo monto aparentemente fue establecido con sobreprecio en beneficio de Beijing. Por si ello no fuera suficiente, en el caso de Indonesia existe una gran controversia en torno a este asunto, pues no es fácil determinar cuáles proyectos con inversión china corresponden a la Nueva Ruta de la Seda por la discreción del gobierno indonesio en cuanto a información al respecto. Por esto no es posible afirmar categóricamente cuál es el nivel de participación de Indonesia en dicha iniciativa. Para un líder como Jokowi, tan interesado en mostrarse como defensor de la soberanía nacional frente al público indonesio y contrario a tomar partido por alguna de las dos grandes potencias enfrentadas en el actual escenario de confrontación geopolítica que se vive en Asia, manifestar entusiasmo por involucrar a Indonesia en la Nueva Ruta de la Seda podría resultar políticamente contraproducente. Habría que ver si ahora, que comienza su segundo periodo presidencial, revela cuál es su verdadera opinión sobre el tema; mientras tanto, lo cierto es que China es ya el tercer mayor inversionista de capital en Indonesia. Esa condición no es resultado exclusivo del proyecto “Una franja, una ruta” sino de la asociación económica y comercial que ha vinculado tan estrechamente a China con Indonesia y los demás países del sureste asiático desde la implementación del Área de Libre Comercio ASEAN-China (ACFTA, por sus siglas en inglés) en 2004. En un escenario en el que ya resulta ineludible enfrentar la competencia económica y comercial de China, parece que el gobierno indonesio ha entendido que más vale procurar alcanzar un acuerdo de asociación con Beijing capaz de mitigar los efectos adversos de tal situación. Su cautela ante la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda podría ser la confirmación de tal actitud ante el fortalecimiento de China (Muller-Markus, 2016; Cheang, 2019; Bayuny, 2019).

Política exterior

Contra los pronósticos emitidos al comienzo de la administración del presidente Widodo, que anticipaban un desempeño modesto en materia de política exterior, Jokowi ha manifestado un gran interés en tales asuntos, mostrándose muy activo en distintos foros internacionales mientras su gobierno ha procurado impulsar una mayor proyección de Indonesia, que le permita trascender la influencia estrictamente regional como líder en el sureste de Asia, tal cual ha sido la norma habitual para la diplomacia indonesia. Es cierto que Jokowi se ha distinguido por dar prioridad a los asuntos internos e incluso ha delegado la representación de su gobierno en ciertos foros internacionales a algunos de sus principales colaboradores, pero siempre se ha mostrado como un líder dinámico y congruente cuando ha debido prestar atención a los temas de su agenda exterior, como se espera que continúe haciendo durante su segundo periodo.

Balance de la primera gestión de Jokowi en materia de política exterior

Desde el comienzo de su administración, Jokowi señaló que su prioridad en política exterior sería impulsar una “diplomacia económica” orientada a promover Indonesia como un sitio ideal para la inversión extranjera. Con este propósito ha realizado visitas a países europeos y de Medio Oriente que tienen la capacidad económica necesaria para invertir en el país y ha participado en foros económicos de gran relevancia como el G20, cónclave que cada año reúne a los dirigentes de las mayores economías en el mundo. Asimismo, Widodo ha destacado en reuniones que son de su mayor interés, como ocurrió cuando participó en la Cumbre Estados Unidos-Comunidad Árabe y Musulmana en mayo de 2017, al defender, ante el propio presidente Trump, el carácter moderado del Islam y solicitar un mayor compromiso de los Estados Unidos con los países musulmanes a fin de conformar un frente común ante el avance del radicalismo y las organizaciones terroristas de filiación islámica; ese mismo año, Jokowi logró concretar la primera reunión cumbre de líderes de IORA (Indian Ocean Rim Association), un foro que reúne a países asiáticos y africanos cuyas costas lindan con el océano Índico, en un esfuerzo orientado a fortalecer dicho organismo y promover una mayor colaboración entre sus integrantes (Hernández Sánchez, 2018). Además, el presidente Widodo ha fomentado una cooperación estrecha con países cuya vecindad con Indonesia resulta clave para fortalecer la seguridad nacional, como Australia, Singapur, Malasia y Filipinas, así como con naciones fuertemente vinculadas a la economía indonesia, como Japón o China. Es más, Jokowi ha mostrado la determinación necesaria para defender ante el exterior algunas decisiones polémicas de su gobierno, por ejemplo, cuando ordenó ejecutar a ciudadanos extranjeros acusados de traficar estupefacientes en Indonesia pese a las solicitudes de clemencia emitidas por los gobiernos de los individuos involucrados, o cuando justificó la detención de navíos extranjeros, sorprendidos al encontrarse ilegalmente en aguas indonesias, como un ejercicio de defensa de la soberanía. Ello le ha valido ser apreciado en el exterior como un líder comprometido con la defensa del interés nacional. En contraste, en ciertas ocasiones Jokowi prefirió enviar delegaciones -usualmente encabezadas por su vicepresidente, Jusuf Kalla, o por Retno Marsudi, su canciller- en su representación para participar en foros que no son tan relevantes para él, como la Asamblea General de la ONU o algunas reuniones regulares de ASEAN, pero se ha justificado señalando que con su proceder atiende cuestiones de gran relevancia que requieren su presencia; tal actitud ha sido objeto de críticas por parte de sus detractores en el país, reprochándosele, en particular, que no haya asistido a ninguna de las reuniones de la Asamblea General de la ONU durante el tiempo que lleva al frente de Indonesia, especialmente si se considera que Yakarta ocupa actualmente un puesto como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. No obstante, es innegable que la primera gestión de Widodo se ha caracterizado por impulsar una agenda muy amplia y ambiciosa en materia de política exterior, dotando a Indonesia de una mayor proyección internacional que trasciende el habitual campo de acción de su diplomacia, principalmente orientada a cumplir las tareas prioritarias establecidas por el presidente desde 2014.

La “diplomacia económica” seguirá siendo la prioridad de Jokowi

Para el gobierno de Widodo, la promoción de las oportunidades comerciales y de inversión ofrecidas por Indonesia seguirá siendo la prioridad de su política exterior durante su segundo mandato. Significativamente, la noticia sobre la ratificación de su triunfo en las elecciones presidenciales de este año coincidió con su participación en la cumbre del G20, realizada en Osaka, Japón. Durante su participación en este foro, que reúne a las mayores economías del mundo, Widodo aprovechó la ocasión para reiterar la invitación a invertir en Indonesia en función de su condición de mayor mercado del sureste de Asia tras reunirse con los líderes de los Estados Unidos, Canadá, China y los principales representantes de la Unión Europea. En esa misma ocasión, Jokowi abogó por el mantenimiento de un clima propicio para la práctica del libre comercio, en una crítica velada a la actual guerra comercial entre los Estados Unidos y China. Para fortalecer la continuidad de su proyecto, orientado a captar inversiones y diversificar los contactos comerciales del país, Jokowi ratificó a Retno Marsudi como canciller. Asimismo, dio instrucciones para que delegaciones oficiales visiten distintos países en forma regular a fin de promover Indonesia como sitio de inversión, buscando atraer especialmente a naciones del Medio Oriente cuyo perfil islámico pueda ser aprovechado para impulsar una mayor cooperación con Indonesia, como el mismo Widodo destacó en abril pasado al realizar una visita oficial a Arabia Saudita con la intención de atraer fondos para proyectos de infraestructura. Por su parte, Retno Marsudi ha estado muy activa, promoviendo la formalización de acuerdos comerciales con algunos países africanos y de la península arábiga en un esfuerzo por diversificar los contactos de Indonesia ante las dificultades derivadas de la aplicación de aranceles entre las principales economías del mundo. En octubre pasado, Mark Rutte, el primer ministro de Países Bajos, visitó Indonesia para evaluar la evolución de los proyectos de cooperación económica, concretados durante la primera gestión de Jokowi, en lo que representa un gesto muy relevante considerando las dificultades existentes en la relación histórica entre ambos países dado el pasado de Indonesia, ex colonia neerlandesa. Para Jokowi, lograr una reconciliación definitiva con Países Bajos resulta indispensable no sólo para recibir mayores inversiones sino también para promover una mayor interacción con la Unión Europea, aprovechando los buenos oficios de Ámsterdam ante sus pares europeos (Anya, 2019; Arisandy Sinaga, 2019; Irfan Gorbiano y Pinandita, 2019).

No obstante el esfuerzo realizado por Jokowi y sus colaboradores al impulsar la “diplomacia económica”, los resultados no han sido tan satisfactorios como el presidente mismo esperaba, pues reconoce que países como Vietnam o Malasia han recibido mayores inversiones en la actual coyuntura internacional, en gran medida por los obstáculos administrativos que aún acechan a las empresas extranjeras dispuestas a establecerse en el archipiélago; por esta razón Jokowi ha ordenado reducir el entramado burocrático indonesio. Además, algunos especialistas han opinado que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Indonesia debería perfeccionar su capacidad de promoción económica a fin de poder cumplir los objetivos de la “diplomacia económica” establecidos desde la presidencia, como lo hacen los gobiernos de Australia y Japón, pues su actual perfil -más orientado al ejercicio tradicional de la diplomacia- no es el más adecuado para consumar tal encomienda. Por tanto, el éxito de la principal estrategia de la actual diplomacia indonesia dependerá en gran medida de la capacidad del Estado para agilizar la captación de inversiones foráneas y de la asimilación del expertise mercadológico requerido por el cuerpo diplomático para cumplir su tarea, y no tanto del número de viajes de promoción al extranjero realizados por el cuerpo diplomático. Jokowi ya lo entendió, falta que sus principales ministros y diplomáticos también lo hagan (Irfan Gorbiano y Fachriansyah, 2019; Irfan Gorbiano y Rahman, 2019b).

La relación con Australia, otra vez en riesgo

La relación con Australia es relevante para el presidente Widodo; ha dedicado un gran esfuerzo a mejorar la cooperación con su vecino meridional, pues la proximidad entre ambas naciones es insoslayable y esa circunstancia obliga a considerar los riesgos de seguridad comunes, además de que Australia es un socio económico de gran relevancia para Indonesia. Por ello, el gobierno de Jokowi ha concretado la firma de un acuerdo de cooperación económica y la ratificación de un tratado de defensa con Australia, siendo correspondido por las altas autoridades australianas. Sin embargo, el resurgimiento de la polémica en torno a Irian Jaya podría complicar el panorama luego de que algunas asociaciones australianas manifestaron su respaldo a la causa separatista de Nueva Guinea occidental, justo cuando en Yakarta se recuerda inevitablemente el respaldo que Canberra dio a la independencia de Timor oriental hace 20 años. En septiembre pasado, el gobierno de Indonesia deportó a cuatro ciudadanos australianos tras acusarlos de respaldar las manifestaciones proindependentistas en Irian Jaya y, un mes después, la polémica se hizo más aguda, cuando el Consejo Australiano para el Desarrollo Internacional, una asociación no gubernamental que reúne a distintas organizaciones australianas, concedió su mayor galardón a Veronica Koman -una abogada y activista originaria de Irian Jaya- por la labor realizada en defensa de los derechos humanos en Nueva Guinea occidental. Sin duda, esto generó molestia en Yakarta, aunque tal reconocimiento no proceda oficialmente del gobierno australiano. En el actual contexto de proliferación de grupos radicales y de fortalecimiento de la presencia china en la región Asia-Pacífico, las autoridades australianas saben bien que no pueden arriesgarse a perder la buena voluntad del gobierno indonesio, pues ello podría representar un desafío tanto para su propia seguridad nacional como para sus intereses geopolíticos en el océano Pacífico; por ese motivo, Scott Morrison, el actual primer ministro australiano, muy probablemente procurará que tales acciones no afecten la relación bilateral, como se reveló al elegir a Indonesia como su primer destino en el viaje oficial al iniciar su mandato. No fue fácil lograr que Yakarta accediera a mejorar sus vínculos con Canberra tras la injerencia australiana en el proceso de secesión de Timor oriental para permitir que ahora la cuestión de Irian Jaya afecte los frutos recientes de la cooperación bilateral, menos aún si se considera que ambas naciones finalmente han llegado a reconocer la necesidad que tienen una de la otra (Gosling, 2019; The Jakarta Post, 2019k).

Indonesia ante las Metas de Bogor de APEC

En 2020 se cumple el plazo para la realización de las Metas de Bogor establecidas en 1994 por los gobiernos de los países participantes en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), plataforma de diálogo y negociación que desde 1989 reúne a distintas economías asiáticas, americanas y de Oceanía para promover la cooperación en el ámbito comercial y de negocios. APEC tuvo su momento de mayor trascendencia en la década de 1990, cuando los gobiernos participantes -incluido México desde 1993- establecieron el compromiso de crear un área de libre comercio entre las economías involucradas, así como un mecanismo que promoviera la libre circulación de capitales de inversión entre ellas, fijando 2020 como meta para el cumplimiento de las llamadas Metas de Bogor, en honor a la localidad indonesia donde se firmó el acuerdo. No obstante, desde entonces APEC ha perdido capacidad de convocatoria dado que los gobiernos de los países participantes han preferido impulsar la realización de acuerdos comerciales bilaterales o multilaterales con modalidades distintas a las propuestas en APEC, por ejemplo, el Área de Libre Comercio ASEAN-China (ACFTA, por sus siglas en inglés) o el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, también por sus siglas en inglés). Actualmente, APEC se ha visto afectado por las diferencias comerciales entre los Estados Unidos y China, pues se ha revelado incapaz de concretar la creación de un área de libre comercio que reúna a todos sus integrantes, como se propuso en las Metas de Bogor; incluso, en la cumbre más reciente de APEC, realizada en noviembre de 2018 en Papúa Nueva Guinea, el organismo ni siquiera pudo generar una declaración final conjunta -por primera ocasión en su historia- debido a las diferencias existentes entre las delegaciones de los Estados Unidos y China. Esto hace evidente la imposibilidad de cumplir con las Metas de Bogor y existen fuertes dudas sobre si algún día podrá concretarse tal compromiso. Por si ello no fuera suficiente, la cumbre de APEC, programada para realizarse en 2019 en Chile, debió ser cancelada por la crisis social que se vive en aquel país sudamericano, y si bien la cancelación obedece a una circunstancia completamente imprevista, también refleja la situación irrelevante en que se encuentra el foro, pues ningún otro gobierno se ofreció para retomar la organización de la cumbre en sustitución de Chile y habrá que esperar hasta 2020 para realizar la siguiente reunión en Malasia. Frente a este panorama, el gobierno indonesio lamentó la cancelación de la cumbre de APEC, pues confiaba en que dicho encuentro podría registrar un avance en las negociaciones entre los Estados Unidos y China que abonara al fin de la guerra comercial entre ambos países, ya que tal enfrentamiento podría amenazar también los intereses comerciales de Indonesia. Por otra parte, el gobierno de Jokowi también ha estado negociando acuerdos comerciales de carácter bilateral, como el que condujo a la firma del tratado de asociación económica con Chile en diciembre de 2017 o el compromiso que Yakarta está a punto de concretar con Corea del Sur. Al optar por el establecimiento de acuerdos bilaterales, Indonesia -el mismo país que dio nombre a las Metas de Bogor- refuerza la tendencia percibida en los últimos años, lo que contribuye a impedir la materialización de los objetivos colectivos propuestos por APEC en 1994. Si bien Yakarta sigue expresando confianza en que APEC logrará concretar la integración entre las dos riberas del océano Pacífico, las acciones del gobierno de Jokowi reflejan su escasa fe en las posibilidades de concreción de los objetivos que las autoridades indonesias apadrinaron alguna vez en Bogor, de tal forma que APEC se encamina cada vez más hacia la irrelevancia absoluta, mientras el proteccionismo constituye la norma en el actual escenario internacional (Halim, 2016; Laksmana, 2019; McCluskey, 2019).

Indonesia ante la rivalidad sino-estadounidense

En el actual escenario de rivalidad entre los Estados Unidos y China, Indonesia ha procurado mantener una posición neutral, si bien la guerra comercial entre ambas potencias y la tensión existente en torno al Mar de la China Meridional son temas de interés para Yakarta, pues ambos tienen implicaciones para el país. Para el gobierno indonesio, la aplicación de medidas proteccionistas por parte de la administración Trump, que dio origen a la guerra comercial con China, resulta preocupante, pues nada garantiza que los Estados Unidos mantengan los productos indonesios libres de aranceles tras haber aplicado medidas proteccionistas también a países como Canadá y México; además, los roces protagonizados por las fuerzas navales de ambas potencias en el Mar de la China Meridional podrían escalar hasta convertirse en una competencia franca por el control de dicho espacio marítimo, lo cual afectaría los intereses de Indonesia de ser un país con sus propias reivindicaciones de soberanía sobre una parte de dicho mar. Además, en la última reunión de líderes de APEC -realizada en Papúa Nueva Guinea en noviembre de 2018- las diferencias entre los Estados Unidos y China se manifestaron abiertamente. Mike Pence, el vicepresidente estadounidense, conminó a los gobiernos reunidos a no comprometer su soberanía con proyectos que podrían endeudarlos, haciendo una referencia clara al proyecto chino conocido como la Nueva Ruta de la Seda. Xi Jinping, líder de China, respondió que el mundo enfrenta la sombra del “proteccionismo y el unilateralismo”, cuyos efectos impactan sobre el crecimiento de la economía mundial, haciendo una crítica a las políticas comerciales aplicadas por el gobierno encabezado por Donald Trump. Ante la andanada de ataques entre las delegaciones de ambas potencias, el gobierno indonesio manifestó su oposición a que APEC se convirtiera en un foro empleado por los Estados Unidos y China para proyectar su rivalidad económica, mientras hacía un llamado a los demás países a mantener una postura neutral ante tal contienda. De esta forma, el gobierno del presidente Widodo ha procurado conducirse como una fuerza moderadora entre ambas potencias, gracias a la condición de Indonesia de líder en el sureste de Asia. En junio pasado, Jokowi se anotó un triunfo diplomático al lograr que los países integrantes de la ASEAN adoptaran su propuesta de proyectar dicha organización como un organismo orientado a tener influencia en el Indo-Pacífico, en el sentido de que debe promover por igual la cooperación con naciones del océano Índico y del Pacífico asiático y americano desde una postura neutral, para no verse obligado a alinearse con los Estados Unidos o con China en el actual escenario de confrontación entre ambas potencias. Así, mientras Indonesia mantiene lazos comerciales muy estrechos con China -situación reflejada en su participación como país invitado de honor en la Expo China-ASEAN de este año, siendo la única nación distinguida con tal consideración por segunda ocasión- e intenta conservar una buena relación con los Estados Unidos, el gobierno de Jokowi procura emplear el liderazgo de Indonesia en ASEAN como un punto de equilibrio para impedir que el sureste de Asia se convierta en el escenario de una nueva Guerra Fría, en la que los países de la región deban elegir bandos. Si ello ocurriera, no sólo su seguridad quedaría en entredicho; también lo harían sus expectativas de crecimiento económico, por tratarse de naciones cuyos ingresos dependen en gran medida de la promoción de sus respectivas exportaciones. Para Yakarta, una escalada en la actual rivalidad sino-estadounidense tendría consecuencias catastróficas tanto para Indonesia como para el resto de los países de Asia-Pacífico, lo que hace indispensable emplear su capital diplomático para impedir que el enfrentamiento polarice la región (Westbrook, 2018; Weatherbee, 2019; Sukma, 2019; The Jakarta Post, 2019l).

Jokowi ante el regreso de Mahathir a la escena internacional

En mayo de 2018, ante la sorpresa general, y tomando en cuenta su avanzada edad, Mahathir bin Mohammad se convirtió nuevamente en primer ministro de Malasia. Como el lector informado recordará, Mahathir es un personaje cuyo liderazgo es reconocido en su país y en la región Asia-Pacífico, ya sea por haber impulsado la industrialización de Malasia o por empujar la integración entre los países del este y el sureste de Asia, hasta ser considerado uno de los principales promotores del acercamiento entre ASEAN y China a comienzos de la década de 1990. Por ello, su regreso al poder no puede pasar inadvertido en Indonesia ni en el resto de la región Asia-Pacífico, a lo cual Jokowi no ha sido indiferente. Ambos líderes se conocieron en febrero de 2015, cuando Widodo visitó Malasia y fue recibido por Mahathir, quien en ese entonces estaba alejado de la política y presidía la compañía Proton, la automotriz nacional malasia creada en la década de 1980 por iniciativa del propio Mahathir, durante su primer periodo al frente del gobierno de aquel país. Curiosamente, Jokowi también es partidario de dotar a Indonesia de una compañía automotriz propia, tal como Mahathir hizo en Malasia, por lo que su gobierno impulsó la creación de la empresa ESEMKA, cuya primera fábrica fue inaugurada el pasado mes de agosto. Justo unos días después, el presidente Widodo realizó una visita oficial a Malasia, la primera tras el regreso de Mahathir al poder, y es muy probable que haya aprovechado la ocasión para informar sobre la fundación de la empresa ESEMKA al primer ministro malasio, pues es bien sabido que existe una rivalidad de orgullo entre ambas naciones vecinas, alimentada frecuentemente por el hecho de que los malasios solían presumir ante los indonesios de tener su propia compañía automotriz. Exceptuando lo anterior, sólo trascendió que la reunión tuvo como propósito “fortalecer las relaciones entre Malasia e Indonesia”, aunque sin que la prensa refiriera mayores detalles sobre la charla entre ambos líderes. Sin embargo, la actitud mostrada por Mahathir ante la contaminación del aire provocada por los habituales incendios forestales en Sumatra y Borneo puede ser ilustrativa de la opinión que el primer ministro tiene de Jokowi. Interrogado respecto a si se había comunicado oficialmente con Jokowi para establecer responsabilidades en torno al origen de los incendios forestales de este año, Mahathir se mostró cauto, señalando que aún no lo hacía, pues su gobierno primero reuniría evidencias antes de acusar a Indonesia por el fuego, y poco después se limitó a cuestionar por qué el gobierno indonesio no aceptó la oferta de ayuda hecha por Malasia para combatir los incendios: ante un escenario de fuerte polución que forzó el cierre de más de 300 escuelas en Malasia, la cautela mostrada por Mahathir frente a Indonesia -país donde existe evidencia de la participación de individuos y empresas en la generación de los incendios causantes de la neblina de humo que suele extenderse cada año por Singapur y Malasia- puede ser reflejo de que el primer ministro malasio ve con simpatía al presidente Widodo y, por tanto, no quiere enrarecer la relación con un vecino cuya buena voluntad es de gran importancia para la economía y la seguridad de Malasia. Por otro lado, se sabe que Jokowi profesa un profundo respeto por Mahathir, no sólo en términos personales sino también como líder político, por lo que mantener una buena relación con el primer ministro de Malasia puede ser políticamente redituable para el presidente de Indonesia. Quizá Jokowi puede aprender del viejo estadista algunos “trucos” de utilidad, como la habilidad para renegociar acuerdos con vecinos tan poderosos como China. Mahathir lo hizo al comienzo de su segundo mandato, consiguiendo renegociar los términos económicos del acuerdo para construir un ramal ferroviario entre China y Malasia bajo el argumento de que fue presupuestado con sobreprecio a conveniencia de Beijing. En tiempos de realización de tantos proyectos de infraestructura amparados en el marco de la Nueva Ruta de la Seda, Jokowi puede aprender de Mahathir ciertos recursos para enfrentar a China en mejores términos sin afectar su relación con dicha potencia (Zamani, 2019; The Star, 2019; The New Paper, 2019; Ang, 2019; Purba, 2019).

Otras notas relevantes de política exterior

Durante el gobierno del presidente Widodo, Indonesia recibió a varios líderes procedentes de Medio Oriente como resultado de la campaña de promoción económica dirigida hacia los países de esa región. Tan sólo en 2017, delegaciones de alto nivel de Arabia Saudita y Qatar estuvieron en Indonesia para negociar proyectos de inversión en el país, la primera de ellas encabezada por el rey Salman bin Abdulazis Al Saud. Jokowi considera que Indonesia debe fortalecer sus vínculos políticos y económicos con los países de Medio Oriente para trascender la condición de ser tan sólo un país proveedor de mano de obra poco calificada a tales naciones; en este sentido, los indonesios podrían recibir inversiones también de las llamadas “petromonarquías” para fortalecer la infraestructura y la industria petrolera, por lo cual Widodo ha dado instrucciones destinadas a reducir los procedimientos administrativos requeridos para concretar inversiones foráneas. A mediados de este año, Indonesia recibió la visita de una delegación procedente de los Emiratos Árabes Unidos, encabezada por el príncipe Mohamed bin Zayed al-Nahyan -primer líder de ese país que visita Indonesia desde 1990-, cuya misión fue concretar varios acuerdos de cooperación, destacando un compromiso de inversión para el desarrollo de una refinería en Borneo. En septiembre de este año Indonesia fue sede de una reunión de la Organización para la Cooperación Islámica, convocada para promover una mayor cooperación económica entre los Estados integrantes, con énfasis en el impulso de mayores inversiones hacia los países musulmanes menos desarrollados. Asimismo, Jokowi tiene interés en impulsar una mayor interacción política con los países de Medio Oriente para conformar un frente integrado por gobiernos musulmanes que contribuya a impedir el avance del radicalismo y apoyar causas comunes, como la cuestión palestina, a la que Jokowi ha prestado bastante atención por medio de programas concretos, como el ofrecimiento de asistencia financiera para programas sociales destinados a la población palestina en Gaza; además, el gobierno indonesio tiene intenciones de aprovechar su posición como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas -condición que ocupará entre 2019 y 2020- para promover la adopción de una postura de mayor respaldo a la situación del pueblo palestino ante las intenciones del gobierno israelí de anexarse más territorios y de convertir Jerusalem en la capital de Israel. Para el gobierno indonesio, la comunidad de países musulmanes debe dejar atrás la retórica y realizar acciones concretas de apoyo a la causa palestina.

Por último, cabe mencionar el seguimiento realizado por el gobierno del presidente Widodo a la crisis de los migrantes rohingya, pueblo mayoritariamente musulmán originario de Myanmar. Desde 2015, éstos han protagonizado un éxodo masivo para abandonar dicho país ante los ataques sufridos en su contra, buscando refugio en otras naciones, Indonesia incluida. Para Jokowi, la cuestión de los migrantes rohingya constituye un tema de interés y ha abogado para que el gobierno de Myanmar se haga responsable de atender sus necesidades sin emitir alguna opinión que pudiera ser considerada como una intromisión en los asuntos internos de aquella nación, también integrante de ASEAN. No obstante, la prolongación de dicha problemática está generando una polémica en Indonesia en torno a si Yakarta debe brindarles asilo permanente, y ello podría hacer que el gobierno de Jokowi adopte una posición de mayor firmeza, especialmente ahora que Indonesia también es miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU (Septiari, 2019; Irfan Gorbiano, 2019c; The Daily Express, 2019; Septiari, 2019b).

Sociedad

3

Durante este año, la prensa indonesia ha registrado notas de distinta índole sobre actos relevantes para la sociedad del archipiélago, de las cuales destacamos las siguientes con el único propósito de ofrecer una panorámica sobre la vida cotidiana en Indonesia.

En marzo de 2019 se dio a conocer el descubrimiento de un grupo criminal que pretendía vender cinco dragones de Komodo en el extranjero como parte de una operación de contrabando que ya había logrado sustraer hasta 40 especímenes de tal especie en el pasado. Por ello, las autoridades indonesias planean cerrar por un año el Parque Nacional de Komodo, a fin de reforzar la vigilancia ante este escenario. La proliferación de grupos dedicados a lucrar ilícitamente con la fauna local ha generado una fuerte indignación en la sociedad indonesia. En años recientes, cada vez es más frecuente que los indonesios se enteren del deterioro provocado a la fauna por acciones humanas que aceleran la deforestación en lugares como Sumatra y Borneo, afectando especies como los orangutanes -recuérdese, por ejemplo, la nota sobre el orangután que intentó detener el avance de una excavadora en Borneo, difundida a mediados de 2018, cuyo video se hizo viral en todo el mundo-. Frente a este contexto, grupos ambientalistas indonesios están lanzando campañas de concientización para promover la protección de especies endémicas cuya sobrevivencia está en riesgo. En junio trascendió que Nahdlatul Ulama y Muhammadijah, las dos mayores organizaciones islámicas de Indonesia, fueron postuladas al Premio Nobel de la Paz por su labor en la promoción de la tolerancia interconfesional en el país, candidatura apoyada abiertamente por el gobierno del presidente Widodo debido a su interés por impedir la proliferación del radicalismo islámico y las manifestaciones de intolerancia en la sociedad indonesia, tema cada vez más recurrente en las noticias nacionales: desde la nota informativa sobre la cancelación de un concierto de Base Jam, una popular banda de rock indonesia, en Aceh -provincia situada en el extremo noroccidental de Sumatra, considerada la región donde las disposiciones islámicas más ortodoxas se aplican con mayor celo en toda Indonesia-, cuando las autoridades locales entendieron que dicho espectáculo era poco adecuado, según los valores musulmanes, hasta la noticia sobre la revocación del permiso de operación a una iglesia protestante en Bantul, luego de que habitantes musulmanes de dicha localidad exigieron su cierre. Para Jokowi, la proliferación del radicalismo islámico y la intolerancia interreligiosa constituye una amenaza a la seguridad nacional, pues podría polarizar a la sociedad y fomentar la aparición de grupos extremistas contrarios a la unidad nacional. Por esta razón ha girado instrucciones para que autoridades de distintos niveles refuercen la vigilancia en las escuelas, redes sociales y otros espacios de convivencia a fin de detectar individuos o grupos que difundan un discurso de odio hacia las minorías religiosas presentes en el archipiélago. En julio, los medios destacaron el perdón presidencial concedido a Baiq Nuril, profesora condenada a prisión tras denunciar que fue objeto de acoso sexual por parte del director del centro educativo en que prestaba sus servicios. En un juicio plagado de irregularidades, ilustrativo de la discriminación hacia las mujeres prevaleciente en el sistema judicial indonesio, Baiq Nuril fue condenada a seis meses de cárcel, luego de que el director, a quien ella acusó de haberla acosado sexualmente, la contrademandó por difamación hasta conseguir la pena indicada. En respuesta a este pronunciamiento judicial, la sociedad indonesia solicitó la intervención del presidente Widodo, quien accedió a revisar el caso ante el clamor popular, concediendo el perdón a Baiq Nuril para evitar su encarcelamiento. El caso de Baiq Nuril concluyó felizmente, pero otras mujeres indonesias no han tenido tanta suerte. Cada vez más se presentan casos de discriminación laboral en su contra o de tráfico para enviarlas con engaños a China y obligarlas a contraer matrimonio en condiciones desfavorables, lo que da cuenta de una situación preocupante para muchas mujeres indonesias. En el marco de los actos conmemorativos por el aniversario de la independencia, a mediados de agosto el presidente Widodo concedió la medalla Bintang Mahaputera Nararya, uno de los mayores reconocimientos al mérito de ciudadanos sobresalientes, al empresario Sofjan Wanandi por sus aportaciones a la nación, entre ellas, haber sido secretario general de la Cámara Indonesia de Industria y Comercio, y sus actividades altruistas y de fomento a la educación; en este caso, la distinción concedida a dicho personaje fue considerada en los medios un reconocimiento justo a su labor, si bien también generó polémica pues Wanandi es de ascendencia china; ello dio pie a críticas contra Jokowi, a quien algunos de sus detractores han acusado de privilegiar los intereses de China sobre los de Indonesia durante su gestión presidencial, una acusación que si bien carece de fundamento puede ser políticamente redituable para la oposición, considerando el aumento de la desconfianza hacia los indonesios de origen chino observado recientemente entre los sectores musulmanes más conservadores del país. Por otro lado, recientemente los medios de información nacionales han difundido varias notas sobre el éxito obtenido por individuos indonesios en varios foros en el extranjero, desde músicos que lograron reconocimiento por su participación en certámenes en Italia y en los Estados Unidos, hasta deportistas y estudiantes de distintas disciplinas que consiguieron medallas para Indonesia, lo cual ha alimentado el orgullo en la población. A principios de septiembre, un partido de futbol oficial celebrado en Yakarta entre las selecciones de Indonesia y Malasia, clasificatorio para el Mundial de Qatar 2022 por la zona asiática, generó una fuerte controversia luego de que aficionados indonesios hostigaran a seguidores del equipo rival. Ello obligó a la Federación de Futbol Indonesia a emitir una disculpa pública para evitar sanciones contra el equipo nacional por el comportamiento de sus simpatizantes. En Indonesia, el futbol es un deporte muy popular, pero brinda pocas satisfacciones a su afición, y la derrota frente al equipo malasio caló hondo en su sentir debido a la rivalidad de orgullo existente entre ambas naciones. Un mes más tarde, empero, la afición del país recibió una noticia agradable cuando la FIFA anunció que Indonesia será sede del mundial sub-20 en 2021, en lo que será la primera ocasión en que un torneo de tal magnitud se realice en un país del sureste de Asia y cuya organización quizá servirá para que la Federación de Futbol de Indonesia consiga elevar el nivel de su representativo nacional en los próximos años. También en septiembre pasado, niños y jóvenes de Indonesia respondieron al llamado de la ambientalista sueca Greta Thunberg para salir a protestar a las calles en contra de la inacción de los líderes mundiales frente al calentamiento global y el deterioro severo del medio ambiente, como ocurrió también en muchos países alrededor del mundo; en las manifestaciones realizadas en Indonesia destacó la claridad con la que muchos niños expresaron su comprensión de los problemas ambientales al señalar, por ejemplo, que Indonesia es un país cuya integridad está en riesgo por la elevación del nivel del mar provocada por el calentamiento global dada su condición de nación insular. Ante las críticas emitidas por el movimiento encabezado por Greta Thunberg en torno al escaso compromiso de los líderes mundiales respecto al calentamiento global, Jusuf Kalla, el vicepresidente de Jokowi durante su primer periodo, acudió a la Asamblea General de la ONU en esos mismos días para reiterar el compromiso del gobierno indonesio en la aplicación de una política ambiental más estricta en el país. En este contexto de preocupación por el deterioro del medio ambiente, trascendió recientemente que Yakarta ya es considerada la ciudad más contaminada del mundo, lo cual está obligando al gobierno capitalino a considerar medidas más severas contra la polución, por ejemplo, retirar de la circulación autos y autobuses de más de 10 años de antigüedad y continuar las obras para dotar a la capital de una red de transporte público más eficiente. Lamentablemente, Indonesia volvió a dar la nota debido a la espesa neblina de humo provocada por los incendios forestales ocurridos en Sumatra y Borneo, que se extiende hasta Singapur y Malasia. Esta vez, el propio Jokowi ordenó ser trasladado a los lugares donde se generaron los incendios para coordinar directamente los trabajos de las unidades de bomberos y las brigadas de apoyo, con la intención expresa de asegurarse de que el fuego sería extinguido. Posteriormente, su gobierno ha promovido leyes más severas contra los responsables de provocar esa clase de incendios. Ante la inminencia de una crisis ambiental que estaría extendiéndose por todo el planeta, el gobierno del presidente Widodo parece dispuesto a asumir compromisos más serios en la tarea fundamental de preservarlo para las siguientes generaciones, mientras una parte de la sociedad indonesia se está movilizando para exigir una mayor determinación de sus distintas autoridades al respecto y miles de ciudadanos ya están impulsando hábitos de consumo menos perjudiciales para el medio ambiente. A fines del mismo mes de septiembre, Yakarta y otras ciudades importantes del país fueron escenario de una serie de protestas estudiantiles a raíz de la discusión legislativa de un proyecto de ley considerado como una intromisión en la vida privada de los ciudadanos, pues contenía disposiciones para penar el adulterio, las relaciones sexuales prematrimoniales y las relaciones sexuales entre personas del mismo género. La movilización alcanzó mayores dimensiones luego de que se produjeron enfrentamientos violentos entre los estudiantes y las fuerzas policiacas. Ello hizo que los manifestantes ampliaran su lista de demandas, exigiendo la destitución de los militares que ocuparan algún cargo civil, la destitución de funcionarios acusados de corrupción y el castigo a los responsables de provocar los incendios en Sumatra y Borneo, así como la desmilitarización de Irian Jaya y el fin de las persecuciones contra activistas sociales. Dada la amplitud de demandas de los manifestantes y la cercanía del inicio de su segundo periodo presidencial, Jokowi ordenó al Parlamento posponer la aprobación de dicha ley hasta después de haber revisado varios de los puntos en controversia. En un escenario cercano a la toma de posesión y luego de las disputas postelectorales que polarizaron a una parte de la sociedad indonesia, hubo quien señaló que las movilizaciones estudiantiles pudieron estar manipuladas por los rivales del presidente Widodo, si bien no existe forma de comprobarlo. En el plano cultural, este año Indonesia consiguió registrar un nuevo sitio como patrimonio de la humanidad: la antigua mina de carbón de Ombilin, en Sumatra, con lo cual el país ya cuenta con nueve sitios considerados patrimonio cultural. Además, el público indonesio ha tenido motivos para sentirse orgulloso por la producción cinematográfica de este año, pues seis películas indonesias fueron proyectadas en un festival en Shanghái. Asimismo, la fiebre por las películas de superhéroes también se hizo presente en el país con el lanzamiento del filme Gundala, historia de un superhéroe local recreada con muy buenos efectos especiales y que fue un éxito en taquilla. Por su parte, la proyección de la película Dua garis biru generó una fuerte polémica al narrar una historia que aborda la cuestión de la educación sexual para menores de edad, un tema aún delicado para su discusión entre la sociedad indonesia, al grado de que padres y profesores recomendaron abiertamente no acudir a las salas de cine donde estuviera exhibiéndose dicha película: en un país mayoritariamente musulmán como Indonesia, queda claro que ciertos temas aún son vistos con recelo, especialmente por los sectores más conservadores. Por último, cabe mencionar que el gobierno indonesio financió la construcción de un monumento a Soekarno, el líder de la guerra de Independencia y primer presidente de Indonesia, para su establecimiento en la Ciudad de México, por lo que desde 2019 la capital mexicana cuenta con un pequeño parque bautizado en honor de dicho personaje. Ojalá sea la primera de varias iniciativas destinadas a fortalecer la amistad entre Indonesia y México.

Conclusiones

Sin duda, 2019 ha sido un año intenso para Indonesia. Entre la rispidez de la contienda presidencial, la multiplicación de las manifestaciones de intolerancia al interior del país y las turbulencias registradas en el escenario económico internacional, Jokowi dio comienzo a su segundo periodo como líder de Indonesia desde una posición fortalecida, contando con un gran respaldo popular y procurando ser fiel a su propio estilo de dinamismo y cercanía con la gente. No obstante, el ex alcalde de Yakarta también ha debido ceder ante la oposición con tal de abonar a la unidad nacional en un momento en que la sociedad indonesia parecía encontrarse al borde de una polarización peligrosa. En una decisión polémica para muchos observadores, el presidente Widodo consideró necesario integrar al general Prabowo -su rival en la contienda electoral de este año- a su gabinete como ministro de Defensa; resta ver si éste cumplirá lealmente con las tareas que su jefe le encomiende, si bien se trata de un nombramiento estratégico orientado a conseguir el respaldo de la principal fuerza de oposición para dotar de mayor eficacia al segundo periodo presidencial de Jokowi. Asimismo, la integración de Maruf Amin -uno de los líderes musulmanes con mayor prestigio del país- como vicepresidente de Indonesia busca apuntalar la base de apoyo del presidente Widodo ante la actual coyuntura nacional, caracterizada por la aparición de distintas manifestaciones de intolerancia religiosa y política, pues constituye una acción necesaria para fortalecer el llamado a la prudencia a fin de mantener un sano nivel de convivencia al interior del país. Con estas medidas, Jokowi se revela como un estadista dispuesto a sumar fuerzas con tal de cumplir las metas propuestas por su administración desde 2014: mejorar la conectividad al interior del archipiélago y de Indonesia con el mundo, dotar al país de una influencia internacional capaz de trascender los límites regionales donde la diplomacia indonesia se ha desenvuelto tradicionalmente, promover el desarrollo integral del país considerando las necesidades de cada región sin privilegiar el javacentrismo clásico de la política nacional; mientras, el Estado hace valer la defensa de la soberanía nacional y promueve el mejoramiento de las condiciones de vida para la población del archipiélago en general. Al respecto, el “populista” que gobierna Indonesia puede extender su mandato con la certeza de saber que varias de esas metas ya han comenzado a materializarse y ello es reconocido por gran parte de sus conciudadanos. Así, puede confiar en que su legado será recordado durante mucho tiempo, por la dedicación que el ex alcalde de Surakarta y Yakarta ha conferido a su sueño de transformar y modernizar Indonesia, pese a todas las dificultades que ha debido enfrentar durante su mandato.

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